Priscilla

Delgado

Al Natural

Adicción al celular y el hábito de la lectura

A partir de la llegada de los celulares de alta tecnología no he vuelto a ver a nadie en un metro leyendo, todos por igual están sumergidos en su mundo tecnológico.

La costumbre de leer libros en el metro para alivianar el viaje, ha sido reemplazada por los celulares. Foto Elements Envato

Este escrito me sale del corazón. De pronto vi cómo todo se fue derrumbando con la llegada de los teléfonos celulares de alta gama y la incidencia que ha tenido en la costumbre de leer en lugares públicos.

Hoy deseo hablar sobre lo que nos ha causado el celular, cómo nos atrapó la tecnología y nos redujo a una suerte de robots, pero de vieja data, ya que nos comunicamos sin hablar.

Hace poco más de 15 años, por razones de trabajo, viajaba con frecuencia a Madrid y venía con hermosa sensación que todo el mundo leía, porque así lo observaba en el metro, en los parques, en restaurantes entre otros.

Todos se acompañaban de un libro y me emocionaba ver cómo rayaban las páginas que iban leyendo (señal inequívoca de que algo del libro los estaba atrapando).

A partir de la llegada de los celulares de alta tecnología no he vuelto a ver a nadie en un metro leyendo, todos por igual están sumergidos en su mundo tecnológico en el que conversan con lo que ven en este aparato que nos cambió la vida.

Hace poco hice un viaje con la familia por algunas ciudades de Europa y la historia se repite en todas. Con lástima vemos lo mismo que sucede aquí, cada uno conversando con el celular mientras comen y no se separan del mismo hasta para dormir.

VEA ESTO: Mayer Mizrachi cumple su promesa y asiste a baile de Sandra Sandoval

Ya nadie habla con los compañeros de mesa, ahora le toman fotos a la comida, se hacen selfis, pero no se ve una conversación armónica, a menos que sea para pedir un plato o la necesidad de llamar al que sirve la mesa.

La historia no comienza con la falta de un libro, como forma llevadera en un viaje; inicia con la poca sensibilización que tenemos a la hora del uso desmedido del celular, que casi se convierte en una patología, en donde el celular es parte de nuestra indumentaria y si lo perdemos, es casi como perder una parte de nuestro cuerpo.

Si no tenemos con nosotros nuestro celular, puede darse “el síndrome de abstinencia”, que les sucede a los alcohólicos cuando dejan estas sustancias, igual que los narcóticos y otras adicciones.

Con respecto a los chicos en edad adolescente, inhibe las posibilidades de interacción con sus pares y un joven adicto al uso del celular se vuelve arisco si los padres se lo quitan, y hasta pueden generar violencia a edades muy tempranas.

Hace algunos años esto parecía una falacia, una utopía, ya ese tiempo pasó. Ahora es casi una norma de convivencia social. 

VEA ESTO: Gobierno formaliza precio tope de combustibles en $3.95 solo para transportistas

Es casi natural ver que las personas caminen mirando fijamente el celular o que en una fiesta cuatro de seis personas hablen y sonrían con el aparato, sin siquiera mirar a quienes tienen al lado.

Esta adicción ya tiene una denominación que se llama “nomofobia” y es el miedo a estar sin celular o a desconectarse, porque se les acabó la batería o el equivalente de no tener datos móviles a disposición.

Esta adicción ha aumentado considerablemente en el mundo entero, viéndolo cada día más, debido a que cada celular que aparece en el mercado tiene nuevos complementos que proporcionan mayor fidelidad, así como más capacidad, cámaras que hasta maquillan los rostros sin distorsión, con precisión y con satisfacción para el usuario.

Dentro de las nuevas adicciones y fuera de la ingesta de alcohol y drogas, tal como mencionáramos al principio, la adicción a la tecnología y, sobre todo, al celular ocupan un importante puesto en el marco de los consumos de prácticas que nos llevan a una adicción con patologías ya comprobadas.

VEA ESTO: La generación muda: Todo lo que deberías saber al respecto

Los expertos recomiendan que se usen varias reglas para moderar la atención que le prodigamos a este aparato que nos cambió la vida.

Por ejemplo, apagarlo después de cierta hora, tener el cuidado de no usarlo cuando haces una visita a tu familia o amigos, atender las personas y que una charla o reunión no sea interrumpida por el tono de un celular.

Por último, mi reflexión se trata de resaltar la ausencia de lectura que ha sido reemplazada por el celular. No dejemos que esto nos ocurra.

Sigamos con la antigua práctica de que los libros siempre serán nuestros mejores compañeros; con ellos nos quedamos para siempre, sus palabras serán imborrables.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Punto y Seguido

Elodia Muñoz

El escritor frente a la muerte

Escribir es un intento de trascender el estupor y sinsentido en que nos sume el dolor cuando experimentamos la muerte de alguien muy cercano. «El

Leer mas »
Elodia Muñoz

Escribir, mi mejor regalo

Pertenezco al colectivo de Personas con Discapacidad Visual, que no gozaron de libros disponibles para los ciegos. Con particular emoción recibí el pasado ocho de

Leer mas »

LAS MÁS VISTAS

Últimas entradas

Suscríbase a nuestro boletín

Veracidad, Información y Precisión.