Priscilla

Delgado

Al Natural

Adiós tacones, vengan mis zapatillas blancas

Hemos sido sometidas a torturas por siglos por el uso de esos bellos calzados tan apetecidos y muchas veces caros.

Se ha roto un poco el protocolo de los tacones para darle paso a las zapatillas blancas.

Iniciamos con un poco de historia sobre los zapatos que en un inicio eran privilegio de los hombres que actuaban en el teatro.

Se atribuye la creación de los primeros tacones a la antigua Grecia, en el siglo XV, y eran sandalias con suela de corcho de 8 cm, de manera que la historia nos evidencia que también los hombres sufrieron el infortunio de tener que treparse en tacones.

Al transcurrir el tiempo, los tacones se volvieron símbolo de status social y poder, además servían para aumentar la estatura, situación que se mantiene hasta el presente.

Uno de los personajes más famosos de la historia en el uso de tacones fue Catalina de Medici, quien usó tacones al contraer nupcias con el Rey de Francia, Enrique II.

Fue a partir de ese acontecimiento que se ponen de moda los tacones y mientras más alto era el tacón mejor se sentían, independientemente del sexo o género.

Posteriormente el rey Luis XIV de España decretó que el uso de los tacones sería un privilegio exclusivo de la nobleza y así se condicionó por mucho tiempo.

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Los tacones, sin la menor duda, en todos los tiempos han sido considerados signo de elegancia, de glamur, además de ser una prenda privilegiada y parte indispensable del buen gusto al vestir.

Pero los tacones han traído lo suyo a lo largo de la historia en donde hemos podido observar lo bueno y lo malo, como ver caer modelos de pasarelas, porque no sostienen el alto de sus tacones, que se enredaban al caminar; aspirantes a concursos de belleza que se les exige altos tacones para estilizar su figura; reinas y princesas sometidas a largas esperas paradas, con un tacón que supera la  posibilidad real de mantener una buena cara por horas, pero con una sonrisa vemos que ellas mismas se lo quitan si descubren que no hay fotógrafos cerca.

De verdad hemos sido sometidas a torturas por siglos por el uso de esos bellos calzados tan apetecidos y muchas veces caros.

Se ha considerado el tacón en la mujer como objeto del deseo. La necesidad de andar erguidas (signo de elegancia), convirtiéndose el zapato de mujer hasta en un fetiche de algunos hombres que según el estándar expresa la sensualidad de quien los usa. Mujeres en ropa interior, pero con tacones escenifica la escena de una mujer apetecida sexualmente.

Hoy en día, podemos ser afortunadas porque alguien decidió que usar zapatillas blancas con cualquier tipo de ropa es hermoso a la vista, que digo hermoso, bellísimo, porque para las que decidimos optar por las zapatillas somos las mujeres más felices del mundo. Empoderadas en nuestro nuevo papel de mujeres exquisitas y bien vestidas, con vestidos largos o cortos, con pantalones o con cualquiera prenda a la hora de decidir.

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Ya no tenemos que ver cómo combinamos los colores del vestido con el zapato que vamos a usar, ahora simplemente este signo de libertad nos permite el uso de zapatillas blancas.

El año pasado, en un viaje a Paris, observé a las azafatas usando zapatillas blancas y pensé “donde quedó el glamur de las azafatas con sus tacones medianos y medias oscuras”, pero solo fue algo que se me quedó grabado para darme cuenta posteriormente que tal vez esa línea aérea, Air France, no puso de moda las zapatillas blancas, debió ser alguien que se le ocurrió bajarnos de los tacones y nos ha hecho sentir mejor, cómodas y hermosas.

Las zapatillas blancas se ganaron el respeto y espacio de una gran cantidad de mujeres de todas las capas sociales, en todo el mundo, no importa si hace frío o calor, este modelo siempre es una buena opción para quienes no renuncian a zapatos fácil de combinar y con la comodidad ideal.

Son un clásico del momento y accesible a todos los bolsillos, cosa distinta en un zapato de tacón alto, que para verse bien debe ser de determina marca.

Nos hemos empoderado con nuestras zapatillas blancas, que evidencian un paso enorme hacia la libertad de caminar con pie firme, sin edades, sin condicionamientos de estilo y con la elegancia individual.

Usemos nuestras zapatillas blancas y caminemos por el mundo que, en algún momento, se nos negó porque alguien decidió que el tacón era signo de elegancia.

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