Egbert

Lewis

FUETAZO

Falleció a los 78 años

Andrés Farrugia, un hípico de tiempo completo que se nos fue

Todos los Farrugia son muy trabajadores, pero ninguno superó a Andy. Cuando la cuadra estaba en su esplendor, era común verlo en la pista, dando instrucciones a los mozos, jinetes y galopadores.

Andrés Farrugia Carles, entrenador de caballos. (20 de marzo de 1945 – 29 de mayo de 2023)

Veía a Andrés Farrugia por televisión, escuchaba su nombre repetidamente en la radio y leía sobre él y su papá -El Mago Farrugia- en los periódicos y revistas hípicas. Eran los años finales de la década del 70 y comienzos de los 80.

Después me hice periodista y ahí comenzó mi historia con Andy. Así como despertó en Quique Santos la idea de entrar a la radio, al poco tiempo de tratar conmigo descubrió en mí un talento y en el verano de 1991 me dijo: “Por qué no haces un libro sobre la vida de El Mago y la familia”. El resto es historia.

Dos años después, en 1993, volvió a empujarme: “Escribe un anuario con todos los clásicos de la temporada”. También lo escribí y ahí quedó para la historia. Era un descubridor de talentos en todas las esferas.

“El Scan”, como le decía todo el mundo, menos yo, no solo era un excelente entrenador, también lo hacía bien como hijo, padre, hermano, amigo y hasta como historiador. En sus tiempos mozos le gustaba el “viva viva”, daba buenos datos y, aunque su semblante tosco, pudiera hacerlo pasar como un tipo amargado, Andy -como siempre le dije- era un jodedor de paciencia.

Hace mucho tiempo en el hipódromo competía un caballo que se llamó “Yukiotaro”. No lo entrenaba Andy, pero él tenía información de la mayoría de los caballos que había en competencia. Para quienes no lo sepan este hijo de “El Mago” tenía el brazo izquierdo torcido, el cual parecía que le guindaba.

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Un día le pregunté si le venía chance a “Yukiotaro” para ganar y me dijo: “Chombito”, ese caballo tiene las patas más viradas que el brazo mío, no te metas ahí”.

Así fue Andrés Farrugia Carles, un hombre que se las sabía todas en cuanto a la hípica respecta. De allí el nombre de una columna que tuvo, poco antes de morir, y de la cual hablaré sobre el final de esta nota.

Todos los Farrugia son muy trabajadores, pero ninguno superó a Andy. Cuando la cuadra estaba en su esplendor, era común verlo en la pista, dando instrucciones a los mozos, jinetes y galopadores en perfecta coordinación con su padre, que supervisaba y tomada tiempos desde su atalaya en una esquina dentro de las grandas de la tribuna chica.

Después al establo, transportar alimentos y medicinas; planificar, seguir la rutina del equipo y trabajar para ganar. Ibas al establo por la mañana y ahí estaba Andy; llegabas al mediodía y también lo encontrabas. Como vivía en El Sitio de Juan Díaz, a solo tres minutos del hipódromo, también estaba allí en la tarde y por la noche, si fuera necesario. Nadie trabajaba más que Andy.

Fue un hombre de naturaleza inquieta. Le emocionaba competir y ganar, pero siempre quiso lo mejor para la hípica y, sobre todo, para sus colegas entrenadores. Acompañó por años al profesor Esteban Perdomo en las iniciativas de la Unión de Preparadores y, tras el fallecimiento de este, asumió la dirección del gremio por varios periodos.

Era uno de los hombres más informados sobre la realidad hípica. Me cansaría de enumerar los “datos” que me dio para seguir la pista de muchas noticias que le dieron fuerza a mi desarrollo como periodista en el ámbito hípico.

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Andrés Farrugia gozaba del privilegio de ser parte de un grupo cada vez más reducido de personas que pueden contar la historia de la hípica panameña desde sus dos escenarios: Juan Franco y Presidente Remón.

Con motivo del centenario de la hípica, que se celebró en 2022, tuve la oportunidad de volver a caminar sobre las huellas de la historia, gracias a la excepcional memoria de Andy.

Aunque me entristece su partida, hay algo que me reconforta. Creo que me legó muchos datos que conservaré con celo y los usaré eventualmente, de manera que puedan quedar plasmadas para el futuro.

Mi amistad con Andy, afortunadamente, se extendió hasta sus hijos Luis Miguel y Andrés. Eso me permitió reeditar en 2018, de manera digital, el libro sobre la historia de El Mago Farrugia.

Pero todo no quedó ahí. Poco tiempo después Luis Miguel me comentó que tenía interés de ir recopilando en un solo nicho todas las historias, cuentos y anécdotas que anidaban en la mente de su padre.

Le dije: Vamos pa’ lante. Dile que grabe las historias, tú las transcribes y yo me encargo de editarlas.

Vino entonces la pregunta del millón: “Egbert, y qué nombre le ponemos a la columna.” Bueno fácil, Luis Miguel: “Si Andy lo dice, Andy lo sabe”.

Se publicaron varias columnas de “Si Andy lo dice, Andy lo sabe”, pero posteriormente aceptó el reto de ser miembro del Cuerpo de Comisarios y, por razones prácticas, la iniciativa quedó en pausa.

Un sábado de marzo pasado llegué al hipódromo, me lo encontré y me senté junto a Andy, al borde de una de las pilastras de la entrada principal, en donde acababa de estacionar su Datsun 120Y. Conversamos sobre lo que se convirtió en nuestro único tema en los últimos tiempos, cómo mejorar la hípica.

Entre ideas e ideas, emergió el tema de las carreras de los domingos. Ahí afloró el maestro e historiador que había en él y me contó que la razón por la cual en EE. UU. las carreras grandes se realizan los sábados, es porque por mucho tiempo el domingo fue un día especial para adorar a Dios y pasarla con la familia. Yo no tenía idea sobre esa situación, pero le creí, porque “Si Andy lo dice, Andy lo sabe”.

Aproveché para reprocharle que días antes me vi inmerso en un tranque vehicular cerca de la piscina Eileen Coparropa y cuando cambié de carril y pasé, me di cuenta que el causante de ese desbarajuste era él con Datsun 120Y que iba como a medio kilómetro por hora y tenía como 17 carros detrás de él. «Tengo que cogerlo suave ahora Egbert Lewis», se defendió.

Días después supe que había tenido un contratiempo relacionado con su salud. Entiendo que estuvo casi un mes hospitalizado. Lo llamé a su celular un domingo por la mañana. Me habló clarito. Lo escuché bien. Me dijo que estaba dando la lucha.

Finalmente, salió en pie del hospital. Antes su hijo Andrés me había llamado para decirme que teníamos que documentar algo como para dejar un legado de Andy, parecido a lo desarrollamos con El Mago.

Una tarde de mayo fui a verlo y entrevistarlo. Antes de hablar con él, su hijo Andrés me dijo que cuando lo viera iba a observarlo bien físicamente, pero que la procesión iba por dentro. Su corazón estaba muy debilitado, pendía de un hilo y hasta un suspiro podría ser un mal augurio.

Lo entrevisté por más de media hora, con el hermoso Pacífico a sus espaldas y el sol decadente alumbrando su cerebro, habló hasta por los codos, “hizo correr”. Lució brillante, volvió a recordar todo, a contar todo, a llorar, pero siempre desprendido con sus conocimientos.

Hablamos como tres horas en la intimidad de su habitación con las carreras de caballos en la inmensa pantalla que había sobre la pared. Andrés, Andy y yo nos fuimos en el gusto hablando, por supuesto, de hípica, de política y hasta de economía y finanzas. Sabía que era la última vez que lo iba a entrevistar, aunque pensé que podríamos hablar de nuevo. No fue así.

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Este lunes 29 de mayo, el día que sortearon los carriles del clásico Presidente; ese que Andy ganó siete veces, supe que sus últimas horas estaban por llegar. A media tarde, cayó la noticia que no quería dar. El gran corazón de Andrés Aurelio Farrugia Carles se había detenido.

Gracias por tu legado, por todo lo que aportaste, por lo que enseñaste y por lo que entregaste. Fuiste un hípico de tiempo completo y todos los que te conocimos, de alguna manera ganamos algo contigo.

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3 respuestas

  1. Tuve la oportunidad de conocer a Andy y su padre el Mago, cuando tenía aproximadamente 10 años e iba al Hipódromo a los establos, ver los entrenamientos matutinos y los días de carrera. Le pregunté a mi padre, el profesor Esteban Pindi Perdomo, quien era ese señor que parecía amargado y me contestó que era hijo del Mago y que ámbos eran excelentes preparadores, además de ser parte de la historia hípica nacional. Con los años y trabajando él con mi padre en la Junta Directiva de los preparadores, lo conocí mucho mejor, un excelente ser humano, profesional, amigo, jocoso y preocupado por el desarrollo para bien de la Hípica panameña. Es una gran pena que haya partido, pero tengo la seguridad que esta en el Paraíso junto a mi padre, probablemente entrenando caballos y mejorando la hípica en el Cielo. Mi sentido pésame a su familia y a toda la familia hípica que esta de luto por pérdida irreparable. Bendiciones.

    1. Definitivamente se nos fue un diamante invalorable de nuestra hipica panameña.mucha resignacion a toda la familia Farrugia. Para mi el mejor preparador junto a su padre el mago farrugia .La hipica esta de duelo sete sigue queriendo hasta el cielo ANDY

  2. Muy lamentable y triste noticia Andy Farrugua una persona de un gran corazón su vida y su pasión era la hípica siempre conversaba con el en el salón monte carlo y recordábamos algunas anécdotas.
    Paz a su alma

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