¿Cómo te compongo, mondongo?

Sr. Juan Manuel Pino, si es que mi artículo llega a su vista, le recuerdo que una sociedad a la que se le niega información está en todo su derecho de elucubrar.

A Panamá se le puede mirar desde muchas perspectivas y, paradójicamente, el horizonte se aprecia desigual. Foto: Ilustrativa

Vivo en una sociedad hipócrita y conveniente, pero más conveniente que hipócrita. Me pide la sociedad que sea sincera hasta cuando la sinceridad de mis mesuradas palabras y acciones no le conviene. En este escrito hablaré en primera persona.

Sé de jefaturas que contratan personal negro y luego les hacen la vida de cuadritos porque, por muy profesionales que sean los empleados, la negritud les incomoda y terminan botándolos. 

En mi experiencia personal, ahora que uso mi cabello al natural, tuve que disimular mi desagrado ante compañeras de trabajo, aupadas por el jefe, que me decían que mi cabello alisado se veía mucho mejor que mi actual pelo afro. En el caso de uno de mis mejores amigos de toda la vida, no duró ni dos meses en su empleo por malos tratos de su jefa directa. Lo entiendo a cabalidad, me pasó lo mismo con un jefe abusador cuya violencia iba más del racismo. 

Entonces no me explico cómo celebramos el mes de la etnia negra, pero no toleran tanta libertad y emancipación mental. Te quieren negro, pero no tan negro. 

Por encima de la mascarilla leo la sinceridad de quienes me hacen comentarios muy sinceros y halagadores sobre mi nuevo look como aquellos de quienes incluso me sugieren cortármelo, o escuchar a muy cercanos en la sala de mi propia casa decirme que por favor no me deje el afro porque no tendría oportunidad de relaciones amorosas dado que en Panamá este estilo no es aceptado. Sigo comprobando que ser negro y vivir en paz con ello es un acto de rebeldía en mi país.

«Nos piden reflexionar, pero luego ocultamos que un 10 de mayo, hace 33 años, los mismos que nos gobiernan ahora apoyaron el asesinato del escolta de Billy Ford y los varillazos contra el presidente de Panamá, Guillermo Endara Galimany».

Berta Tuñón Centella

Me pide la sociedad y sus estándares que sea yo misma y, siendo obediente a esa orden, procedo a educarme, leer, abrir mi mente, seguir estudiando, cuestionarme, cuestionar, mirarme al espejo y volver a cuestionarme; informarme y analizar y en ese devenir, me entero que hay más de 40 personas desaparecidas mientras que tenemos a un ministro de seguridad pública con un discurso panfletario y misógino aminorando los secuestros y peor aún, advirtiéndonos de no publicar lo que pensamos. 

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Sr. Juan Manuel Pino, si es que mi artículo llega a su vista, le recuerdo que una sociedad a la que se le niega información está en todo su derecho de elucubrar.

En esa misma línea, y dado que vivo en un país confesional ¿cómo es posible que el obispo más mediático de la iglesia católica no se haya pronunciado ante esta tragedia con la misma vehemencia que se pronuncia contra lesbianas y homosexuales? ¿Será que hay que sobrevolar al obispo sobre todo el país para que vea, así sea de lejos, la realidad que vivimos? 

Su triste omisión me recuerda, por el contrario, la valentía de más de una veintena de sacerdotes que dieron su vida por defender sus valores durante el otro tipo de dictadura que vivió América en décadas pasadas. 

Al igual que Juan Manuel Pino, la neutralidad de las congregaciones cristianas me lleva a cuestionarme si la connivencia político-religiosa les resulta más conveniente que mostrar una postura.

La lista es larga y la cantidad de palabras límites en esta columna no me alcanzará, pero les dejo una serie de ejemplos:

Nos piden no robar, pero negociamos con lugareños que desbalijan un camión articulado lleno de azúcar, así como con políticos y empresarios a quienes rendimos el más alto de los honores pese a que cometen peculado y meten mano al erario con impunidad rampante.

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Nos piden respetar, pero los mismos que en redes sociales solicitaban a rabiar la cárcel para antisociales que filmaron y publicaron el video de su crueldad contra un gatito, son los mismos que se burlan del Happy Slapping propinado contra el personaje colonense Chuga por demostrar su vulnerabilidad ante la debacle social que sufre su provincia.

Nos piden coherencia, pero no nos resulta extraño ver al diputado oficialista y con músculo político, Jairo “Bolota” Salazar, acompañar la protesta en Colón.

Nos piden apoyo por parte de la familia para formar a un individuo, pero aplaudimos que padres y madres sean violentos frente a sus hijos arrojándole arroz a la ministra de educación.

Nos piden reflexionar, pero luego ocultamos que un 10 de mayo, hace 33 años, los mismos que nos gobiernan ahora apoyaron el asesinato del escolta de Billy Ford y los varillazos contra el presidente de Panamá, Guillermo Endara Galimany.

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Se me pide sea valiente, pero luego se me acusa de loca problemática por cuestionar y publicar lo que no me parece correcto inclusive con gente que, aunque no son cercanos míos, tienen mi apoyo y respeto.

La polarización nunca será buena consejera o ¿será que estamos de regreso al Trento de 1658 y no nos hemos dado cuenta?

Panamá, 10 de mayo de 2022

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