Priscilla

Delgado

Al Natural

Cuando nuestro hijo nos adoptó

Me he encontrado personas que me dicen: “Qué buenos son ustedes porque adoptaron”. Esto es un grave error. Nadie es bueno o malo porque decide adoptar, este acto es uno de amor y una decisión para toda la vida.

Daniel Alejandro, junto a su madre Priscilla Delgado y Ciro Cano.

Nuestra unión matrimonial fue una de las mejores decisiones que hemos tomado en nuestras vidas. Siempre ha sido una relación de complemento y dentro del mismo estaba tener hijos, cosa que vimos con alguna dificultad después de nuestro primer año de matrimonio.

Fue allí cuando vimos la posibilidad de la adopción, pero por las vías correctas, haciendo todo el papeleo requerido para darle amor a un niño que en ese momento no lo tuviera, de manera que fuimos a varios sitios hasta llegar a la Cruz Roja. Allí, sí nos atendió Yadira Espino, nos alentó y nos dijo que sí había posibilidad. Procedimos a inscribirnos para pasar por todos los procedimientos exigidos.

Se nos preguntó si queríamos alguna edad o sexo en específico y les dijimos que no y un buen día, después de algunos años, se nos apareció Fernando. Así se llamaba nuestro futuro hijo. Fuimos a verlo, le pusieron al bebé, con poco tiempo de nacido, en los brazos de mi esposo y allí nos dimos cuenta que fue amor a primera cargada, señal inequívoca que él nos había adoptado.

De inmediato nos dijeron que era nuestro, pero solo temporalmente. Había que pasar unos rigurosos exámenes con trabajadoras sociales que determinarían, después de un tiempo, que el niño estaba en un buen hogar.

Ya no era Fernando, le pusimos por nombre Daniel Alejandro en memoria de un angelito de un entrañable amigo en Venezuela que se nos había ido al cielo. Nos pareció un bonito nombre y Daniel fue inmediatamente la criatura más amada por todos los que llegaban a la casa, incluida su hermana Chelita, que ya vivía con nosotros y que siempre fue como nuestra hija, pero que en realidad es mi sobrina. Ella lo cuidó como un muñeco; ya era un poco mayor que él.

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Mi “baby shower” fue en vivo, con niño incluido. Todos llegaban con regalos y me enseñaban a doblar los pañales de tela que se usaban en ese tiempo. Todas las tardes llegaba un nuevo amigo para dormirlo o darle la comida que era preparada de manera especial por mí.

Daniel creció en un hogar donde la palabra amor era la constante, de manera que sus primeros años fueron llenos de alegría, con muchos amigos y travesuras; caídas de bicicletas y dientes rotos -parecía un potrillo indomable-, pero dejamos que fuera lo suficientemente libre para que nuestro amor no lo hiciera un niño sobreprotegido.

Nunca me di cuenta cuando dejó la bicicleta para andar sin estribos y creció sin pedirnos permiso.

Se hizo un adolecente noble y bueno, aunque muy rebelde. Después se hizo un adulto maravilloso, compasivo, seguro de sí mismo, con sus propios argumentos y determinante en sus ideas.

Él siempre supo que era adoptado y lo usó a su favor muchas veces en la escuela y con las chicas que lo cuidaban, a quienes le decía “no me regañes que soy adoptado”.  Muchas veces esto nos dio verdaderos problemas porque nos llamaban de la escuela para decirnos que Daniel había hecho otra de las suyas.

La casa estaba permanentemente llena de amigos, que aún lo son. Desde el primer grado hasta la Universidad, ellos siguen siendo su círculo cero de siempre.

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Me he encontrado con muchas personas que me dicen: “Qué buenos son ustedes porque adoptaron”. Esto es un grave error. Nadie es bueno o malo porque decide adoptar, este acto es uno de amor y una decisión para toda la vida.

Así como decidimos querer a determinada persona, familia o no, es igual con un niño, simplemente decidimos que ese ser se convierta en parte nuestra con todo lo que ello implica, no saber su historia genética, simplemente darle un apellido y convertirlo en parte de nuestra familia para siempre.

Daniel es un joven muy independiente y muy seguro de sí mismo, que hace unos años decidió, por un lazo de amor, adoptar a Santiago, que hoy forma parte de nuestra familia sin más preguntas, que solo el amor puede contestar.

No tengas miedo de convertir a una familia de dos en una de tres o cuatro, no sabes lo que la vida te compensará en amor y gratificaciones cuando vas viendo que ellos se convierten un poco en lo que le enseñamos como lo es hoy día Daniel Alejandro.

Daniel y Priscilla.
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10 comentarios

  1. Esto sí es una verdadera historia de amor y del amor más grande del mundo. Amor de padres a hijo y de hijo a padres. Muchas bendiciones para esa hermosa familia.

  2. Hola Priss, mi siempre abrazo 🤗 sincero para ti, para Ciro y Daniel A., Es cierto que han sido bendecidos por haber sido aceptados como celosos guardianes del niño aquel que fuera puesto en sus brazos y que hoy es el compañero fiel en estos años dorados que Dios os permite disfrutar. Felicidades y ricas y abundantes bendeciones

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