Priscilla

Delgado

Al Natural

El hábito hace o no hace al monje

No debemos juzgar a las personas por su apariencia, sino por sus acciones y sus valores y en este sentido debemos mirar con lupa a quien tenemos al frente.

Es cierto, el hábito no hace al monje. La apariencia física de una persona puede ser engañosa y no siempre lo que vemos con nuestros ojos es lo que hay. Existe mucha apariencia de personas que parecen amables, confiables, bien vestidas y no son lo que parece; en cambio podemos ver una persona que parece ruda, de pocas palabras y que a primera vista nos da desconfianza, pero estas pueden ser decentes, confiables y excelentes personas.

Por supuesto, la apariencia puede ser un indicador de ciertos rasgos de personalidad.

Por ejemplo, las personas que se visten bien y se cuidan suelen ser más seguras de sí mismas y tienen más éxito en la vida. Sin embargo, la apariencia no es lo único que importa. Es importante juzgar a las personas por sus acciones y sus valores, no por su apariencia.

Un buen ejemplo es de un hombre que lleva un reloj caro y parece un hombre de negocios y puede ser un estafador. Igualmente, una mujer excesivamente producida puede ser una mejor inteligente y con valores.

Un niño que es tímido y callado puede parecer introvertido, pero en realidad puede ser un niño extrovertido que simplemente tiene miedo de hablar en público. Por lo tanto, es importante recordar que el hábito no hace al monje.

No debemos juzgar a las personas por su apariencia, sino por sus acciones y sus valores y en este sentido debemos mirar con lupa a quien tenemos al frente para no verter una opinión engañosa.

Sin embargo, es necesario precisar en ciertos aspectos que nos determina el diario vivir y que nos lleva a concluir que, si bien el hábito no hace al monje, las personas también son lo que proyectan en su actuar cotidiano.

Un hombre que pretende buscar un trabajo no debe presentarse de ninguna manera en ropa sport y zapatillas, por lo menos por Latinoamérica. La conducta europea puede ser distinta.

Igualmente, las mujeres deben cuidar con rigurosidad su manera de vestir, pues tendrán muchas más miradas que los hombres en cuanto a que nosotras por alguna razón, somos más visibles. El largo o estrecho de su vestido, exceso de maquillaje, si la mujer está muy pasada de peso, entre muchas consideraciones, eso tendrá más prioridad por parte de quien la examina que de sus habilidades para optar por determinado cargo.

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La sociedad tiene ciertos cánones establecidos que nos impiden vestirnos y actuar de acuerdo con nuestra cultura, que es individual en cada individuo y es claro que hay prejuicios para muchas clases sociales a la hora de obtener un empleo, aunque estén muy bien preparados.

La sociedad, de manera inconsciente, establece preferencias por las personas más guapas, más esbeltas, hombres bien parecidos con cierto estándar, que nada tiene que ver con el empleo para el que están optando. 

Doy otro ejemplo:  Si buscamos un fumigador para que entre a nuestra casa y el que llega tiene cuatro collares, aretes, diente de oro, tres rayas en el cabello, además está lleno de tatuajes, inmediatamente nos haremos una imagen de él y de eso se trata, la imagen que presentemos es vital para proyectarnos debidamente.

En el caso de los tatuajes debo decir que soy una defensora de estos, me parece una forma de decir algo de manera permanente en forma de una buena pintura en nuestro cuerpo, pero hay que admitir que las bandas como los “maras salvatruchas” fueron encontradas rápidamente por la cantidad tatuajes que los identificaron sin que hubiera duda, pero un concepto más generalizado, lo siguiente es lo que define un tatuaje:

  1. Pueden ser una forma de expresión personal y creativa.
  2. Pueden representar recuerdos, creencias o pasiones importantes.
  3. Pueden ser una forma de mostrar apoyo a una causa o grupo.
  4. Pueden ser una forma de autoexpresión.

Aunque estos tatuajes también cuentan una historia, como una M señal de vínculos, una telaraña, tres puntos y hasta un alambre de púas.

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En última instancia, la decisión de hacerse un tatuaje es muy personal. No hay una respuesta correcta o incorrecta y no debería ser sometida a ningún juicio de valor.

Otras formas de presentarse hacen un notable rechazo a nuestro entorno y nada tienen que ver con la posición social a la que se pertenece.

El cuidado personal, la mesura en la forma de vestir en ciertos cargos nos da confianza, de manera que no en todos los casos “el hábito no hace al monje”.

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