EL hombre y su interacción con el clima

Desde la aparición del hombre sobre la tierra y durante toda su evolución hasta alcanzar la condición de Homo sapiens, de lo cual hace aproximadamente 40 mil años, la construcción de la historia de la humanidad ha estado marcada por dos grandes factores.

Desde la aparición del hombre sobre la tierra y durante toda su evolución hasta alcanzar la condición de Homo sapiens, de lo cual hace aproximadamente 40 mil años, la construcción de la historia de la humanidad ha estado marcada por dos grandes factores. Uno de ellos, la lucha por la hegemonía que ha tenido consecuencias en la formación de la estructura social y económica como ser gregario, y el otro factor que ha influido en el desarrollo de su presencia terrenal, está representado por la interacción con su entorno, lo cual ha sido en gran medida determinado por la influencia de los factores de la naturaleza que no eran susceptibles de control, y de ellos particularmente, los que se relacionan con el clima.

Con lo anterior colegimos entonces que el desarrollo del hombre ha estado influido por  factores sociológicos  que son el resultado de actos volitivos propios de su libre albedrío,  pero también por otros que tienen orígenes  exógenos y que responden a fenómenos físicos que por su  esencia fáctica, escapan al control  de la autonomía de la voluntad del ser humano, pero que aún así, dependiendo de algunas acciones  propias de la conducta  del individuo o grupos dentro del marco de su desempeño social, pueden provocar cambios en el funcionamiento  orgánico del planeta , los cuales a su vez pueden generar importantes variaciones en el entorno hasta el punto  que podrían  finalmente ser capaces de convertirse en elementos condicionantes de su propia existencia.

Es precisamente el objeto de estas líneas, abordar los efectos de la interacción del hombre, con algunos de esos fenómenos físicos que denominamos clima y que han estado evidentemente presentes desde la formación de nuestro mundo, pero que realmente nos importan, desde que se tiene vestigio de la presencia del primer hombre sobre la tierra hace ya más de 250, 000 años.

En su íntimo contacto con la naturaleza, el hombre tuvo la oportunidad de aprender sensorialmente los efectos del clima, pudo sobreponerse, reproducirse y dentro de ese proceso lograr evolucionar hasta nuestros días. Casi que en complicidad con el clima el hombre alcanzó la madurez evolutiva para llegar hasta el presente.  Fue una muy dura etapa la de la existencia del hombre en sus orígenes, sorteando peligros, enfrentando desafíos agravados por el desconocimiento, pero al final pudo gracias a sus instintos básicos reproducirse y enseñar a las próximas generaciones las experiencias aprendidas. 

También existieron una pluralidad de especies distintas a la humana que alcanzaron evolucionar hasta cierto punto, pero luego no tuvieron la capacidad para vencer ciertas barreras impuestas por el medio en el cual convivían, y terminaron por extinguirse. 

Está claro que ha sido la integración con la naturaleza la que permitió que el hombre pudiera adaptarse al medio, y consecuentemente sobrevivir, tal como lo demuestran los hallazgos de la antropología moderna, que dejan en evidencia que  el tipo de hombre que nos precedió no ejerció un papel destructor en contra de la naturaleza.  Nuestros antecesores fueron en el principio cazadores-recolectores, luego con el surgimiento de la agricultura y el desarrollo de ciertos avances tecnológicos de la época, fueron saliendo del primitivismo y abandonando su comportamiento nómada, para crear asentamientos que le permitieron desarrollar grupos sociales cada vez más numerosos, pasando de familias a grupos, luego a tribus y, por último, ciudades. 

Es innegable el efecto del clima en la evolución del hombre, y ese vínculo indisoluble que tenemos con los elementos que caracterizan el entorno, cuyo equilibro es fundamental para la sobrevivencia de la especie humana, se encuentran hoy más que nunca amenazados por nuestras propias acciones que constantemente están exponiéndonos al nada trivial riesgo que supone incluso impedir que la humanidad sobreviva más allá de nuestra experiencia.

El desarrollo desordenado de la vida moderna, auspiciado por las pasiones humanas marcadas por el determinismo económico, están causando graves efectos en el clima, provocando el ya conocido calentamiento global que a su vez es causado por la expulsión a la atmósfera de los gases de efecto invernadero que son emitidos por la gestión humana. El uso de contaminantes que cambian la configuración del componente gaseoso en la atmósfera, atrapa la temperatura ocasionando entre otras cosas, el derretimiento de los polos,  lo que a su vez crea Inundaciones permanentes por elevación del nivel del mar, la disminución del agua dulce disponible, eventos climáticos extremos (grandes tormentas), desertificación y sequias y, naturalmente a consecuencia de lo anterior, es lógicamente esperado que puedan ocurrir migraciones, guerras, enfermedades desconocidas, pérdida de especies, catástrofes y afectación de la agricultura. Todas estas situaciones terminan ineludiblemente conspirando contra la supervivencia de nuestra especie. Los científicos tienen claro que estos eventos son una realidad, por tanto, sus discusiones se basan en predecir simplemente cuando sucederán.

Revertir este proceso de destrucción de la vida como la conocemos, es predecible, todavía evitable y se antoja imperativo.

Le toca a esta generación a través de la toma de conciencia del peligro que se avecina, actuar en consecuencia si queremos realmente garantizar que habrá una próxima generación.

Seremos capaces de trabajar solidariamente por evitar los devastadores efectos del cambio climático y alcanzar  de esa manera el fin común más importante de todos los tiempos?..  Esa es la cuestión.

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