Priscilla

Delgado

Al Natural

El menoscabo en el hablante

Es notable la indigencia del vocabulario en las conversaciones en la calle, en los sitios de reunión, hogares, lugares de trabajo, cualquiera sea la posición social “de los hablantes”.

En nuestro país hay un evidente menoscabo del habla y es cada vez más evidente su empequeñecimiento masivo. La sustitución de palabras por otras poco entendibles, que intentan suplir el déficit de lo que puede el usar el hablante, es una falencia que se demuestra frecuentemente en muchos medios escritos y televisivos, incluso en países en lo que suponemos hay un mejor uso del idioma.

Es notable la indigencia del vocabulario en las conversaciones que escuchamos en la calle, en los sitios de reunión, en los hogares, en los lugares de trabajo, cualquiera sea la posición social “de los hablantes”. Se habla con no más de 500 a mil palabras.

La sustitución e invención de estas nuevas formas de expresarnos no alcanza a suplir el déficit de sustantivos, adjetivos, verbos etc.

Por ejemplo:  Haiga, habíanos, etc, reduciéndose progresivamente nuestro capital de vocablos, tal como ocurre con una enfermedad grave que va disminuyendo la calidad de vida del que la padece.

La debilidad de la expresión oral arroja además otros síntomas de imprecisión y nebulosidad mental, percibidos en las palabras que emanan de ciertos sectores de jóvenes cuyos diálogos estallan y concluyen con ademanes guturales, fragmentos de palabras y no pocas veces, gritos, que se convierten en una suerte de violencia que intenta imponerse, a fin de llenar el hueco que ha dejado un vocabulario en ausencia.

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Incluso, las personas consideradas cultas deben hacer un esfuerzo para no sucumbir en esos casos de pereza mental o inercia anímica y es así, que muchos recurren a un dialogo muy elaborado, que muchas veces terminen en serios errores y repeticiones.

Este un fenómeno normal en todo el mundo, que hablemos de una manera cuando estamos en confianza y de otra cuando ya no lo estamos tanto. Dos lenguajes paralelos, pero el informal increíblemente más pobre, más ausente de palabras elementales y si nos descuidamos termínanos balbuceando, pensando que al estar en la comodidad de nuestros amigos o en casa, nos hacemos entender con un mínimo de palabras.

Se observa, además, un derrame continuo de la lengua inscrita en el dominio del habla, la incrustación de términos y giros tomados de los libros y de la prensa, expresiones que las más de las veces son extraídas de disciplinas con terminologías impropias. Híbrida mezcolanza de palabras y giros populares con vocablos que supondrían conocimientos superiores.

Así la prensa y, agudamente el libro, lejos de ser letra muerta, es palabra viva, en tanto que el habla, “lenguaje vivo”, sobrevive penosamente gracias a la necesidad apremiante de comunicación y a las inyecciones de urgencias que le concede la lengua escrita.

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El libro, definido en este primer plano de la lengua escrita, está en todo el mundo visibilizando el factor dinámico de toda comunicación, por eso, es imperante que nadie, absolutamente nadie, se pueda apartar de él, sobre todo aquellos que suponen un detenimiento en frases completas, volver a leerlas a fuerza de hacerlo con un diccionario al lado.

El uso de “palabras insípidas” está muy extendido y usado y contribuye notablemente a que el idioma se empobrezca. Quizás por comodidad, se abusa de muchos verbos. 

Tenemos un problema, y es que se le da a una frase o palabra un significado que no corresponde, esto es un asunto serio, pues es uno de los errores más extendidos y menos conocidos por la población general. Muchas veces utilizamos una palabra dándole un significado que no le corresponde y demasiadas muletillas al hablar, sobre todo, en público.

Ahora tenemos, además, el uso de nuevas palabras aceptadas por la RAE que vienen a cambiar nuestra forma oral y escrita, incorporando muchos usos cotidianos de otros países que son lecciones nuevas en nuestra formación lecto-escritura y que hemos de ir incorporando a nuestro lenguaje, aunque nos parezca raro en muchas oraciones.

No usemos el castellano con comodines que nos ayudan a suplantar palabras, leamos para entender y hablemos para hacernos entender de la mejor forma posible y no en detrimento de una lengua rica, llena de hermosas palabras sin usarla en excesos. 

El castellano es claro y preciso y nos lleva a asegurarnos de un uso correcto si estamos conscientes de su importancia.

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