El mundo al revés

El conflicto comercial de los Estados Unidos y Europa con China, dio inicio a una nueva realidad global que nadie puede predecir cómo va a concluir. La pandemia y la invasión Rusa de Ucrania son los últimos clavos al ataúd de una época que se fue para no volver.

Empresario sosteniendo el mundo en la palma de sus manos

Quienes tuvimos la dicha de nacer entre 1945 y 1985, hemos vivido en un período de relativa paz, crecimiento económico y bienestar nunca antes experimentado por la humanidad. Producto de una serie de factores, tales como la magnanimidad de los Estados Unidos de América con sus aliados y derrotados enemigos (Alemania, Italia y Japón), se dio inicio a una etapa caracterizada por el Plan Marshall y la reconstrucción de Europa, e instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, entre otros, corriendo el victorioso con la cuenta. Igual suerte experimentó Japón, convirtiéndose en una verdadera potencia económica internacional.

Casi tres décadas después, e impulsado por la genialidad de Henry Kissinger, la Distensión sirvió para reordenar Europa del Este, posterior el derrumbe del Muro de Berlín; facilitar la transición de Rusia, producto del colapso de la Unión Soviética; y más importante que todo, abrir China a la inversión mundial e integrarla a la economía mundial. Todo ello aunado a los procesos de tratados de libre comercio (hoy día TPC).

Por su posición estratégica, el Canal de Panamá y su reversión, el dólar y otros factores, nuestro país y su sociedad han sido de los más beneficiados por estos acontecimientos históricos. No obstante, queda claro que se ha agotado y parcialmente derrumbado, el orden global a que me he referido.

El conflicto comercial de los Estados Unidos y Europa con China, dio inicio a una nueva realidad global que nadie puede predecir cómo va a concluir. La pandemia y la invasión Rusa de Ucrania son los últimos clavos al ataúd de una época que se fue para no volver.

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Toca ahora reajustarnos a la nueva realidad: un mundo dividido en tres grandes bloques beligerantes entre sí en lo comercial (EE. UU., Europa y China); la descontrolada inflación que perdurará por los próximos años; y drásticas transformaciones impulsadas por la tecnología en la producción, comunicación, ciencia, salud y educación.

No cometamos errores, han sido graves en la última década. Resalto como ejemplo el giro de nuestra productividad energética al Gas Natural, en detrimento de la solar, hydro, y eólica.

“El gas natural nunca aumentará de precio”, cacareaban en medios los empresarios, políticos y comentaristas, movidos por la avaricia y corrupción. Qué dirán ahora, no se atreven a dar la cara ante un desacierto que le cuesta decenas de millones anuales al país.

En este reajuste, sugiero mantener el balance entre los beligerantes comerciales, con especial atención a nuestro socio histórico, los Estados Unidos de América; racionalizar el gasto corriente del sector público; facilitar la autogestión e iniciativa empresarial, de quienes dependerá en gran parte la generación de la disminuida oferta laboral; apoyar a la ACP en su impulso por garantizar el agua y recursos naturales del Canal y área metropolitana; hacernos respetar en el plano internacional, llevamos dos décadas de listas grises y negras, acorralando nuestro insignificante centro financiero.

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La invasión Rusa de Ucrania desveló los grandes centros de lavado y evasión fiscal, con la complicidad de la GAFI, OECD, la clase política de Europa y Francia.

Corresponde al Gobierno nacional convocar a las mejores mentes nacionales en comercio, logística, educación y tecnología, debidamente asesorados por facilitadores internacionales, lancemos nuestro 20/20 del conocimiento, productividad y generación de riqueza.

Se desenvuelve ante nuestros ojos el reordenamiento del orden mundial. No tengo duda de que, como siempre, nuestra nación estará a la altura de los nuevos acontecimientos y retos.

El autor es abogado y excanciller

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