Priscilla

Delgado

Al Natural

El poder de la palabra

Es tan importante el uso de la palabra en todas sus formas, porque la misma produce reacciones y dependiendo de su uso, muchas veces el interlocutor prefiere no seguir escuchando.

Las palabras son claves para una comunicación efectiva. Foto Elements Envato

La palabra tiene un gran poder, ya sea escrita o hablada, y me quiero referir a ella debido a que desde hace mucho tiempo vemos el mal uso que se le da en distintos escenarios de nuestra vida cotidiana.

La forma que vemos con más frecuencia es en las redes sociales que, con solo una coma, se saca una frase de contexto aumentando o disminuyendo lo que se intenta manifestar hasta el extremo de cambiar totalmente el contenido.

Cuando decimos “Yo no quise decir eso” deberíamos conectar el cerebro con nuestra intención, a fin de definir las palabras correctas que vamos a utilizar en determinado momento.

En una ocasión durante una feria del libro me tocó presentar junto a Alex Medela un libro que se llama “Cómo mandar a la gente al carajo en 10 lecciones” del escritor venezolano Cesar Landaeta. Esta experiencia fue grata al sorprendernos de todas las formas que existen para decir lo mismo sin que la persona se sienta ofendida y sin que se sienta que la estamos apartando de nuestras vidas o manifestándole algo que nos disgusta, pero de manera elegante.

Las redes son el mejor ejemplo para explicar este tema sobre uso de la palabra; sobre todo en castellano, que es muy rico y contiene una buena cantidad de sinónimos que podemos usar si lo que vamos a manifestar nos parece un poco fuerte.

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Además de la palabra usada en forma presencial, muchas veces la cara “habla”, los gestos son un reflejo de lo que queremos expresar, el tono de voz, la impostación de la misma.

Lo cierto es que en una discusión el alzar la voz no sirve y como dijo en algún momento el Rubén Blades: “No grites y mejora el argumento”. 

¿Han notado que en la medida que bajamos el tono de voz en una discusión o conversación, el interlocutor queda desarmado?

Este es el poder que tiene la palabra que sin la menor duda podemos ir aprendiendo a lo largo de nuestra vida el uso correcto de la misma para dirimir conflictos, lo que es todo un arte en tanto todos tenemos un tono de voz meloso y suave para que parezca que estamos felices siempre.

Otro espacio de escritura es Twitter en donde tienes que escribir todo con claridad y precisión en pocos caracteres, casi contando una historia. Allí se evidencia con frecuencia la falta de lectura comprensiva que va de la mano con el uso de las palabras. Contenidos perfectamente escritos son interpretados al criterio del lector, de acuerdo a su propia conveniencia.

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Es tan importante el uso de la palabra en todas sus formas, porque la misma produce reacciones y dependiendo de su uso, muchas veces el interlocutor prefiere no seguir escuchando.

Otro ejemplo es el de las personas que dominan un tema a la perfección, pero que son incapaces de articularlo correctamente en un escenario, porque su tono de voz no los ayuda y, además, usan palabras muy difíciles para el público común, que seguramente tiene distintas formaciones.

De hecho, lo vemos mucho en estos grandes conferencistas que usan su capacidad oratoria con la que ganan mucho dinero, igualmente los comediantes que requieren de una excelente memoria y mucho carisma para hacer reír a quienes los escuchan.

Hay una forma exquisita de expresarse y es a través de una buena canción. Los cantautores buenos hacen la diferencia en lo que es una canción casi leída al oído, a otra que no nos dice nada y que de inmediato la dejamos de escuchar. Por eso hay algunos que se perpetuaron con sus letras como Sabina y Serrat, José Alfredo Jiménez, y ahora tenemos nuevos cantautores o letristas que nos regalan las palabras adecuadas para atrapar nuestro corazón en una sola frase.

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Qué lindo es cuando nos expresamos con las palabras adecuadas sin herir, sin lastimar y enviando el mensaje que deseamos. 

Qué bonito es cuando podemos conversar con simplicidad, con argumentos sencillos, sin metáforas, sin la búsqueda de palabras que tratan de enredar más que hacernos entender.

Con el dialogo franco y sincero, con las palabras adecuadas, siempre saldremos ganando en cualquier espacio en donde tengamos que usar la palabra escrita u oral, con un castellano maravilloso, con una adecuada articulación, con coherencia y sentido, que no de pie a interpretaciones erróneas.

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