Priscilla

Delgado

Al Natural

El terrible silencio del suicida

El suicida es un ser solitario que se abandona a su soledad y encuentra en las noches todo el entorno propicio para manifestar su sentimiento de abandono.

La depresión es uno de los signos de alarma que puede alertar sobre la posibilidad de que alguien atente contra su vida. Foto: Envato Elements

Diciembre es especialmente triste porque es el mes en el aumentan los suicidios, en distintos grupos etarios, pero con mayor incidencia en edades que oscilan entre los 30 y 59 años. Desde el 2019, estas edades ya difieren y se encuentran en casi todos los rangos, pero comúnmente más en varones que en mujeres.

En los dolientes, familiares y amigos del suicida queda una marca eterna, en tanto que estas personas no anuncian que van a despedirse para siempre, aunque en la mayoría de los casos de suicidios, los aqueje la peor enfermedad que es la depresión, momentánea o patológica,

Cada año casi un millón de personas se quitan la vida, según cifras de la OMS, y muchas más lo intentaron, sucediendo mayormente en países y condiciones de estratos bajos y medios, situación que también está cambiando, y cada vez más. También lo podemos ver en personas que gozan de una buena posición económica sin que esto sea un elemento disuasivo para no terminar con su vida.

Si bien el común está determinado por la depresión y el consumo de alcohol, hay muchos casos donde se dan suicidios de manera impulsiva, sin ningún control de la familia.

Estas personas están ligadas a grupos vulnerables y discriminados, tales como los inmigrantes, refugiados, sin empleo, homosexuales y transexuales, quienes a lo largo de su vida han sido evidentemente aislados del entorno social.

El suicida es un ser solitario que se abandona a su soledad y encuentra en las noches todo el entorno propicio para manifestar su sentimiento de abandono y pareciera que no hay manera de detectar este momento en que lo inevitable sucederá.

Palabras de peso

La sociedad entera parece aislarse de esta realidad, siendo ya en el mundo un problema de salud pública.

Los suicidas “anuncian” que están pasando por una grave situación emocional, pero al parecer las personas más cercanas -aunque les demuestran todo su apoyo- no logran ayudarlos para que lo peor no suceda.

Ellos o ellas quieren decirle adiós a sus problemas, a lo que los atormenta en una mente, que no encuentran otra salida que ausentarse por completo, casi siempre en la  madrugada, oscura y cómplice, según estadísticas de la OMS.

El potencial suicida diera la impresión de tener un patrón ya establecido en su personalidad, siempre que no sea víctima de una enfermedad como la depresión, que, aunque es tratada, no se cura del todo, y se da muchas veces el desenlace porque el paciente se siente bien y deja los medicamentos y es allí donde viene la decisión radical.

Cuánta tristeza, cuánta agonía, horas de sufrimiento en la brevedad de ese silencio cruel que los lleva a no despertar y a los deudos a quedar sumidos en la incertidumbre del por qué, sin respuestas.

Qué hice mal, por qué no me di cuenta, por qué no lo cuide debidamente, por qué no observé mejor su cara triste, por qué no conversé con él o ella.  Nada de esto es cierto, las personas que se van a suicidar, si bien siempre lo piensan, lo intentan antes de consumarlo, finalmente lo llevan a cabo, terminando con el patrón y concretándolo por completo.

Personas que en un momento tenían proyectos, que amaron la vida, de pronto dejaron de hacerlo, personas que minutos antes habían cenado con sus familias o habían hecho una llamada sin saber que sería la última y la despedida.

Escribir para ser leídos en medio de las limitaciones del mercado y el sistema

Si bien en Panamá tenemos grupos de apoyo para estas personas que viven con depresión, no parece ser suficiente. Las noticias que vemos a diario de personas que decidieron terminar con su vida, nos muestran que no es suficiente estar muy cerca de alguien que tomó el suicidio, como su única opción.

El patrón recurrente es negarse a hablar del suicidio y cuando alguien lo hace, simplemente manifiestan que “la persona murió de forma natural” o muchos otros eufemismos para obviar la realidad.

La salud mental es un problema de todos y la sociedad debería ser más directa y empática a la hora de asumir los problemas que se derivan de esta enfermedad que aumenta día a día y que deja a hogares totalmente destruidos de por vida, sin importar la edad o la condición del suicida, en tanto que las formas empleadas son de por sí aterradoras y alarmantes.  

Cada uno de nosotros, de manera directa o indirecta, habrá tenido algún conocido que decidió quitarse la vida.

En mi caso, siendo muy niña, vi a una chica de 14 años lanzarse de un quinto piso y desde ese momento sufro de vértigos y no puedo estar expuesta a espacios altos y abiertos. 

Estemos alertas con nuestro entorno, con nuestros familiares y amigos para aportar y que esta forma de muerte no sea tan recurrente y dolorosa.

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