Analisa

Williams Choy

UBUNTU

Yo estoy bien, si tú estás bien.

En tiempo de mascarillas, miremos a los ojos y escuchemos al corazón

Con mascarilla las miradas reemplazaron a las sonrisas y, aunque nuestras emociones parecen estar ocultas, se mantienen ahí.

Las mascarillas han ocultado parte del rostro de la gente, pero los sentimientos siguieron presentes. Foto: EnvatoElements.

Y de repente, de un día para otro, las mascarillas se convirtieron en una pieza obligatoria para salir de casa. En algunos países ya han eliminado su uso; en otros no. Nos mantenemos obligados a utilizarla para continuar protegiéndonos del virus, o quizá para seguir manipulando el miedo colectivo. Y hay mascarillas con piedras, logos, pinturas, bordadas, de telas especiales, casi espaciales.

Para mí esta especie de servilleta que nos cubre la boca, se ha convertido en un instrumento de reflexión constante. Al inicio me asfixiaba, después me tuve que acoplar.

Recuerdo que, en mi primer taller presencial, la voz me salía distorsionada y sonaba como si estuviera al borde del llanto. También me hice una fantasía de que la mascarilla me cubría toda la cabeza y de que nadie me reconocería y pasaba a los pocos lugares que iba sin saludar, posiblemente hasta amenazando mi salud mental.

Relacionando la mascarilla a las emociones, los ojos prácticamente comenzaron a hablar, sonreír, decir todo por nosotros y a seguir manifestando esas emociones, aunque para muchos fue un alivio para dejar de verse obligado a fingir alguna emoción. Para otros, como los sordomudos, la mascarilla se convirtió en una barrera que limitaba aún más su comunicación.

Pero, entre otras bondades, la mascarilla ayuda a practicar el hablar menos y observar más.

Hay algo que debo confesar sobre mi pensamiento -muy personal- de cómo la mascarilla nos aleja de la realidad de nuestro rostro. Aparte de que es un excelente camuflaje de los excesos de papada y, en mi caso, de mejillas o cachetes, cada vez que estoy con alguien que no conozco y se quita la mascarilla, pareciera que la cara se fractura y la fuerza y la gracia se queda en la mirada.  Y surgen de manera silente algo de decepción, sorpresa o desaliento.

Mujeres de la vida fácil

Y aquí es donde me ha ganado el juicio, maldito juicio, que me impide ver más allá de la mascarilla y apreciar a la persona por lo que es y no por lo que “parece”.

Hasta he llegado a mis talleres y me presento sin mascarilla y luego me la coloco, para que no se asusten cuando me la quite. Yo y mis teorías exquisitas, por si las moscas.

¿Qué tiene que ver esto con Ubuntu, con el sentimiento de comunidad? 

Según la filosofía de Alfred Adler y ahora los estudios del cerebro, hay una hermosa analogía del ser humano como un témpano de hielo (iceberg), donde la parte que está en la superficie, es decir, lo que ves, es la acción, el resultado, el comportamiento, y apenas es un pedacito de lo que somos. 

Y es que tenemos un sistema social, cultural y educativo, que nos ha enseñado a ver solo la conducta y el resultado. 

“Si se porta bien, le va a ir bien en la vida”, “Tremendo carro que tiene, es muy exitoso en lo que hace”. Es decir, que el éxito es determinado por lo que uno hace.  Y este pensamiento limitante, que se centra en la conducta visible, acaba ahí y no nos permite ver el fondo, los reales motivos, lo cual nos impide solucionar el problema. 

Solo queremos tratar de controlar el comportamiento, muchas veces erróneos, de nuestros hijos, parejas, colaboradores entre otros y, por último, nuestros propios comportamientos.

Ubuntu, para relaciones más solidarias y menos dañinas

Pero apenas esto es un minúsculo pedazo de tu ser. Lo más grandioso, en tamaño y significado, está en la parte inferior del témpano de hielo, debajo de la conducta. Y corresponde a nuestra identidad, nuestros valores, creencias, sentimientos y pertenencia.  Y es aquí donde radica el verdadero origen de nuestro éxito.

Une vez logramos conectar con esa parte de abajo del témpano de hielo, sentimos que pertenecemos y además sentimos que somos útiles y podemos contribuir, entonces podremos lograr comportamientos de cooperación y respeto en nuestra comunidad y desarrollamos una fuente de recursos para poder enfrentar los desafíos de la vida

Conectemos con la persona y hasta con nosotros mismos desde ese deseo de ser importante, valorado, sin importar cómo se ve, qué hace, qué tiene y cómo se comporta, para derribar esos pensamientos llenos de juicios y prejuicios que muchas veces se apoderan de nosotros.

Recordemos que hay personas, sentimientos y un mundo por conocer detrás de cada mascarilla.

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11 respuestas

  1. Demasiado bello mi apreciada Analisa. Lograr conectar con esa parte de abajo del témpano de hielo de uno y hasta de otros es realmente un acto SUPREMO. TODO, ABSOLUTAMENTE TODO tiene una CAUSA . Debemos ser respetuosos con uno y con los demás. Mucha observancia nos lleva a lo profundo. Sigue escribiendo mi amor que te leo encantada. Con mi profundo agradecimiento.

  2. Excelente reflexión… hablamos con los ojos y muchos sienten la mascarilla como un escudo. Tengo un paciente de quijada pronunciada que se siente aliviado al usar su mascarilla. Puede ocultar comodamente lo que no le gusta de él.

    1. Me encantó, con mascarilla o sin mascarilla somos mucho más que una cara, expresamos lo que somos con o sin mascarilla, porque ese pedazo del iceberg escondido sale a florecer siempre, aunque las otras personas no entiendan el origen de nuestro actuar.

  3. Me encantó, que atinado utilizar la mascarilla que ahora forma parte de nuestra cotidianidad para hacernos reflexionar sobre algo mucho más profundo. Excelente!

  4. La mascarilla se ha convertido en parte de nosotros. Una nueva visión de interpretar lo que los ojos nos dicen. Al principio también me agobie, pero debo reconocer que la mascarilla me ha ayudado en mis alergias 🤧! Así que trato de ver el lado positivo de usarla 😅. Gracias por tu reflexión y seguimos tratando de ver lo positivo de TODO lo que nos rodea y sucede para aprender a ser mejores 👍🏻.

  5. Definitivamente, cuando nos conectamos, debajo de la punta, es cuando sentimos esa pertenencia, nos valoramos y entonces, somos útiles! Hace pocos días, en una cita terapéutica estuve hablando sobre este concepto Ubuntu. Y fue perfecto! Gracias por la docencia sobre Ubuntu! Un abrazo Analisa.

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