Analisa

Williams Choy

UBUNTU

Yo estoy bien, si tú estás bien.

Familias de película y familias reales

Los problemas de salud mental en niños y adolescentes, así como en los adultos, están aumentando aceleradamente y derrumbando sus cimientos.

La película musical animada ‘Encanto’ de Disney, que se estrenó hace meses, ha cautivado a millones de personas por sus vibrantes colores, movimientos llenos de detalles y una música difícil de superar la cual nos hace tararear y bailar. 

Más allá de ritmos pegajosos, ‘Encanto’ tiene una carga de significado en relación a la dinámica en las familias y su llamado a la reflexión sobre la compasión hacia el origen de las creencias familiares como posibilidad para romper cadenas de este núcleo de la sociedad.

‘Encanto’ cuenta la historia mística, disfuncional y real de la familia Madrigal que vive en una mágica casa ubicada en una montaña que protege a un pueblo en Colombia.

Así como ‘Intensamente de Pixar’ nos ayudó con el entendimiento de las emociones y ‘Coco’ de Disney nos dejó ver la muerte con mayor alegría y amor; ‘Encanto’ nos hace viajar a la historia de esta familia con raíces, aparentemente fuertes, y que se mantuvo por años construyendo valores y mensajes que ayudaron a proteger su vulnerabilidad y la del pueblo por un tiempo, aunque de una forma silenciosa iban creando grietas. Cada personaje contaba con un don, excepto Mirabel.

Mirabel empieza la búsqueda del por qué no tiene un don, hasta que se encuentra con su sombrío tío Bruno, del que nadie puede hablar. Y aquí empezamos a bailar con más soltura al son del tumbao latino de “We don´t talk about bruno” (No se habla de Bruno), canción que ha alcanzado el primer puesto de Billboard Hot 100.

Mi generación sí y la tuya no

‘No se habla de Bruno’, tiene muchas lecturas y asociaciones de esta gran puesta de cine con muchas de nuestras familias latinas.

Trata de los murmullos familiares, donde se habla detrás, pero nadie dice nada y uno se aleja (o lo alejamos). Y luego, tarde o temprano, a veces hasta generaciones siguientes, la verdad, las heridas, van apareciendo en nuestras relaciones laborales, amorosas, familiares, etc., hasta que nuestras piezas se van desmoronando como la arena de Bruno.

Bruno representa a la salud mental. Él era “diferente” o “el raro”, su don era ver y decir lo que veía y sentía. Tenía unas conductas que posiblemente un profesional de la salud mental entendería mejor. 

En realidad, cada personaje con su “normalidad” también podría entrar en dicha revisión médica, porque aparentaba estar bien, a la vez que internamente se estaba derrumbando. 

Familias con secretos, historias y raíces donde todos han actuado desde lo que saben y pueden. Con muchos silencios, pensando en que todo va a mejorar y luego hay pases de factura (emocional, físico, espiritual, mental) hasta edades avanzadas.

Familias donde no aceptan lo que no debe ser y lo separan, lo segregan, pero sobre todo, no se dice nada, por omisión, por no tener la habilidad social o emocional o por vergüenza al qué dirán.

Familias en las que se exige hacer lo mejor posible de la manera que “debe ser”; donde cada uno tiene una etiqueta, se la cree y vive en función a dicha etiqueta ni más ni menos.

Etiquetas tanto positivas como negativas, nos llevan a un mundo de inferioridad y superioridad donde imperan las expectativas en lugar de aceptación y el amor.

Hoy, en un mundo al revés, la familia está enferma y es amenazada con excesos de todo tipo.

Los problemas de salud mental en niños y adolescentes, así como en los adultos, están aumentando aceleradamente y derrumbando sus cimientos.

Ya es hora de hablar de la salud mental, a pesar de que “eso no existía en nuestros tiempos” o porque pensemos que esta generación es muy débil.  Entendamos que esa generación a la que nos referimos viene después de la nuestra. Se trata de todos. Una cosa trae a la otra. Todos somos uno y cada uno aporta a un todo.

El cerebro del corazón

Sentir esa fuerza y motivo para recoger las piezas y reconocer fragilidad familiar y pedir ayuda, si es necesario, puede fortalecer nuestro complejo sistema familiar y transformar las generaciones venideras. Atreviéndonos a ver más allá y encontrar la oportunidad de transformación y renovación.

Como primer paso para sanar nuestro núcleo familiar, podríamos mirar hacia dentro, reconocer nuestras formas, aceptarlas y buscar movernos hacia las siguientes acciones poco a poco:

Con: Conversaciones con respeto, apertura mental y emocional, perdonando situaciones, compasión, pensamientos amorosos y con límites respetuosos, silencios asertivos, aceptación de las diferencias del otro y mucho aliento.

Sin: palabras hirientes, murmuraciones del otro, juicios ni evaluaciones, sin consejos ni comparaciones, sin deberías, sin expectativas, sin condicionamientos ni quejas.

En fín, respetar en todo el sentido de la palabra.

Estoy convencida que el amor de la familia tiene un poder inimaginable para movernos hacia el bienestar. Esto requiere intención, reciprocidad y que cada uno tenga la posibilidad de hacer su proceso. Y entonces, podremos contribuir más y mejor al gran engranaje de nuestra comunidad.

Abramos la puerta al encanto de nuestra familia.

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2 respuestas

  1. Desde que vi la película por primera vez, lo que me quedó en modo impactante fue justo el peso de las etiquetas de cada uno, y cómo la única no etiquetada, se sentía incompleta.

    Gracias Analisa por enriquecer mi acotada interpretación con este artículo! Tanto que disfruto leerte siempre ❤️ ?

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