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FUETAZO

Hípica y credibilidad

Presentaciones contradictorias, poco interés con muchos caballos, desorden en el desarrollo de algunas carreras, aunado a la aparente falta de un plan coherente y ordenado para levantar el espectáculo, son factores que corren en su contra.

El espectáculo de las carreras de caballos sigue gozando de gran aceptación en Panamá. Foto Ilustrativa

Si hay un valor intangible, pero vital para las carreras de caballos, ese es el de la credibilidad. El llamado deporte de los reyes tiene como principal moneda de cambio a la ilusión. Sí, la ilusión.

Todo el que esté relacionado con la hípica lo hace mediante una fuerte dosis de esperanza, expectativa e, insistimos, Ilusión.

Quien cría un penco de carreras espera que de su finca emerja el futuro campeón del mundo; quien lo compra se imagina ganando todas las carreras; quien lo cuida, lo hace como si fuera un hijo y trabaja para asegurarle un buen futuro; quien lo monta, confía su vida y bolsillo a la habilidad del caballo y, quien lo juega, apuesta a sus conocimientos y la posibilidad de engordar su cartera. Básicamente, esas son las motivaciones de los hípicos en sus distintas caracterizaciones.

En el proceso, todos dependen de que el juego se dé en igualdad de condiciones o, por lo menos, con la menor cantidad de obstáculos posibles.

Pero, más allá del interés individual, está la salud de la industria hípica y esto pasa por la confianza de quienes aportan el grueso de los ingresos, que no son otros que los apostadores.

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Por eso el tema de la credibilidad marca el límite entre la vida y la muerte, no solo de las carreras, sino del negocio como tal.

De allí que poco favor le hacen a la hípica quienes viven inmersos en la especulación, el acomodo y el mal vivir.

En el caso específico de Panamá, lamentablemente, un porcentaje creciente de la afición (apostadores) percibe que no todo es prístino en el desarrollo de las competencias y eso, aunado a otros factores, está incidiendo grandemente en que no repunte la actividad.

Las presentaciones contradictorias, el poco interés que se percibe con muchos caballos, el desorden en el desarrollo de algunas carreras, aunado a la aparente falta de un plan coherente y ordenado para levantar el espectáculo, están corriendo en su contra del esplendor que se desea.

¿Dónde está el problema? Hay muchas respuestas a esta interrogante.

Eso pasa por un sistema de hándicap anacrónico y que, en lugar de acoplarse a los nuevos tiempos, se ha ido de “parche en parche”, según los intereses del momento y que tiene como ventana de fuga una “discrecionalidad” que no resulta buena cuando se aplica de manera acomodaticia.

Un reglamento de carreras que, si bien es cierto, cubre casi todos los aspectos de la actividad, necesita «otra codificación» u ordenamiento, además de actualizar algunos preceptos.

A lo anterior, hay que sumar los poderes de facto, que mediante presiones y dobles discursos controlan y enredan todo, junto a jueces y autoridades carentes de consistencia en sus decisiones y la poca capacidad de maniobra de quienes dirigen, entre otros factores.

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La hípica es el deporte que mejor sirve a todos, porque genera trabajo, entretenimiento, movilidad social, transacciones comerciales, economía y convivencia, pero nada de eso se puede sostener en el tiempo y el espacio, si no hay de por medio ese elemento clave: La credibilidad.

Tomen nota, hagan los ajustes pertinentes, y devuelvan la nave a su curso normal; para luego puede ser tarde.

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