Analisa

Williams Choy

UBUNTU

Yo estoy bien, si tú estás bien.

La amistad verdadera no la interrumpe ni el tiempo ni el espacio

La amistad, en cualquier tipo de relación, realza la autenticidad y el valor de la misma. Invito a que retomemos a la amistad, aunque no tengamos tiempo y tengamos mucho trabajo.

Hace un tiempo asistí a un taller y me preguntan sobre mis valores.  Eso que para mí es importante y no es negociable. Y, añadieron: “Más allá de los valores universales”, de esos que plasmamos en murales en escuela primaria. Realmente quedé en blanco por varios días.

Empecé a repasar mi vida, sus sucesos, las decisiones, las consecuencias, las bondades, las ganancias y, también, los fracasos.

Lo pensé, lo escribí, lo dibujé, lo conversé una y otra vez. Y descubrí una inmensidad en mis propios valores.

Hoy quiero honrar a un valor primordial que se ha evidenciado a lo largo de mi vida y me ha sostenido: La amistad, uno de los motores de mi vida.

Complicidad, lealtad, comunicación clara y amor incondicional. Esa persona, que como dijo García Márquez: “lo que más aprecio de mis amigos es que me llamen por teléfono sin necesidad”.

Que de la nada aparezca o llame. Que escriban a cualquier hora solo para saber de ti. Esa persona que a pesar de que se distancian, cuando se ven el abrazo fraterno se siente hasta las entrañas en silencio. Esa persona que te acepta tal y como eres, sin buscar nada a cambio y sin juzgarte. Esa que te busca y te busca, y escucha tus silenciosos gritos.

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Qué afortunado es llevar una vida con amigos en cada rincón donde uno se mueve. Creando vínculo de amistad con la pareja antes del amor; con los hijos, después de ser padres; con la familia, cuando realmente hay presencia, más allá de las figuras jerárquicas; con algún compañero de trabajo, más allá de trabajar. Cuando conocemos, aceptamos, valoramos y amamos al otro. Eso es amistad.

La amistad, en cualquier tipo de relación, realza la autenticidad y el valor de la misma. Hoy invito a que retomemos a la amistad, aunque no tengamos tiempo, tengamos mucho trabajo.

Da una vuelta. No es yendo de rumba solamente, sino también dedicando esos minutos, horas o más cuidando y cultivando esas relaciones que importan.  Sin esperar nada del otro, sin exigirle o reclamarle cosas al otro que no puede dar. Solo acompañar y brindar cariño basta. Comprendiendo al otro, puede estar en un proceso y una forma diferente a la tuya y que puede tener otra forma de pensar.

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En estos momentos donde las apariencias parecen mayores que el real sentir, y donde muchos lloramos en silencio, seamos buenos amigos, brindemos apoyo. Con buena intención, sin intereses escondidos y compartamos una vida de aprendizaje y crecimiento.

Que podamos sentir la amistad recíproca. Y que, literalmente, viva la amistad.

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4 comentarios

  1. Sobrina Analisa, Bello escrito. Así siento yo, la buena y sentida amistad la considero familia y la valora como no tienes idea. Te felicito por el escrito que tan bién explicaste como debemos valorar una buena amistad.

  2. La vida sin amigos es insípida, vacia y con pocas alegrías. Unos amigos van y otros vienen. Se quedan los verdaderos, aquellos que nos acompañaron en las pachangas y paseos y en nuestra vida matrimonial y laboral
    Hoy, están con nosotros, eventualmente, con sus canas, sus recuerdos y achaques de la tercer edad. ¡Esa sí es una vida llena de buenos momentos! 😍😍

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