La enfermedad del presidente

Dios le brinda una extraordinaria y sublime oportunidad para despojarse del ego, practicar la vocación de servicio y ubicarse en la posición de los 20 mil pacientes que se atienden en el Instituto Oncológico Nacional.

El presidente de la República Laurentino Cortizo.

De hecho ha conmocionado a la ciudadanía la infausta noticia en torno a la enfermedad del presidente Laurentino Cortizo y su viaje a Houston para una segunda evaluación médica.

Con ello emergen los episodios polémicos, que nos llevan a periodistas y analistas a hacer sesudos ejercicios de opiniones encontradas, como por ejemplo si luego de emitir el próximo mes de julio su informe ante la Asamblea Nacional, cederá el cargo a su vicepresidente, si este lo aceptará o, por el contrario, el mando pasará al presidente de la Asamblea Nacional o este asunto al final quedará en manos de la Corte Suprema de Justicia.

Ha germinado el caldo de cultivo perfecto para numerosos rumores que circulan de forma discreta en círculos periodísticos y llegan a la ciudadanía, principalmente a través de las redes sociales, donde no faltan los que alardean de contar con supuestas fuentes exclusivas en el entorno del mandatario.

Desde el preciso momento que el presidente anunció su enfermedad, de inmediato revisamos la información relacionada con este diagnóstico, que en efecto nos deja en vilo y sabemos que no es un panorama deseable para nadie.

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En febrero de 2022, el Ministro de Salud dejó el cargo temporalmente para tratarse una enfermedad oncológica. Realizó un viaje a Houston para someterse a una evaluación y procedimiento médico; cuando, paradójicamente, es el presidente del patronato del Instituto Oncológico Nacional, Juan Demóstenes Arosemena.

Los creyentes en un ser supremo sabemos que Dios escribe en renglones torcidos, donde el dinero no lo es todo y es que a ambos gobernantes Dios le brinda una extraordinaria y sublime oportunidad para despojarse del ego, practicar la vocación de servicio al prójimo y ubicarse en la posición de los 20 mil pacientes que se atienden por año en el Instituto Oncológico Nacional y que demandan de un servicio de calidad, con mejores equipos médicos.

Lo más seguro es que estas dos autoridades desconocen que las máquinas de radioterapia, que atienden a más de 19,796 pacientes, regularmente o casi siempre hay una en mantenimiento, lo que conlleva a reprogramación de citas médicas de los complejos y duros tratamientos de aquellos que luchan por su vida; y, qué decir de la angustia de la población beneficiaria cuando se le informa en plena terapia que los fármacos se agotaron y se vayan a su casa a esperar la afortunada llamada telefónica para coordinar la nueva entrega de medicamentos.

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Sería un acto de altruismo si ambos gobernantes que, en vez de viajar a Houston, pasaran siquiera la evaluación médica por este Instituto Oncológico Nacional; vivirían en carne propia la zozobra y ansiedad, doblarían rodillas, serían más empáticos y, por ende, más solidarios con el que sufre.

Lo que sí quede a las claras, es que tanto el presidente como el actual ministro de Salud, no confían en su actual sistema sanitario, porque ambos recurrieron a uno de los centros médicos más prestigiosos del planeta, catalogados con la posesión del top en Houston.

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La autora es escritora, comunicadora social y activista de los derechos de las personas con discapacidad.

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Un comentario

  1. Te felicito Elodia, por ese artículo. A mi presidente Nito, le deseo pronta recupearción a su regreso de Houston a razón del cáncer mielodisplásico que padece. Mientras tanto, le tocará al Vice Gaby Carrizo asumir las riendas del país

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