Priscilla

Delgado

Al Natural

La obesidad, una verdad oculta

En nuestro país tenemos una situación que tiene ya niveles de alarma por la forma de comer de una gran mayoría de las personas debido a costumbres que vienen del pasado.


Cambiar los hábitos alimenticios y realizar actividades físicas es un cambio que muchos no afronta.

Uno de los mayores riesgos que confronta el mundo es la obesidad, triplicada en la década del 70 a la fecha. En este momento hay 700 millones de obesos.

Si la obesidad no fuera un problema no habría razón para escribir sobre ella. Es tan progresiva la enfermedad que debemos hacer un llamado de atención sobre nuestra forma de comer, al menos en nuestro país.

Para poner este tema en contexto, se califica como obesas a aquellas personas que tienen sobrepeso con patologías y enfermedades derivadas del mismo tal como la diabetes. 

Cifras alarmantes nos revelan que, de cada 10 norteamericanos al menos tres sufren de enfermedades relacionadas con el sobrepeso, que aumentó en un 70% en la última década.

Esta situación que se vive en los EE.UU. no difiere mucho de lo que sucede en nuestro país y países vecinos, donde el carbohidrato, las grasas, las bebidas con azúcar agregada, son las más consumidas.

Esto viene de la mano con una evidente falta de disciplina a la hora de alimentarnos, la forma en que se mercadean ciertos alimentos, con fuerte interés económico para privilegiar estas comidas que se consumen en grandes cantidades, pero que no aportan mucho valor alimentario.

En nuestro país tenemos una situación que tiene ya niveles de alarma por la forma de comer de una gran mayoría de las personas debido a costumbres que vienen del pasado y que han sido asimiladas por ciertas capas sociales, en donde el ejercicio físico no es parte de sus costumbres.

En Panamá una familia consume un domingo cualquiera, arroz, ensalada de papas con mayonesa, pasta, carne guisada o frita. Con este tipo de comida estamos sobrepasando la ingesta de calorías de todo un día.

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Si observamos el desayuno, casi todo es frito y sin excepción, y en la tarde, se repite el mismo consumo de carbohidratos para luego ir a dormir.

El panameño común no conoce de dietas y menos de hacer ejercicios, tal vez por la falta de tiempo y ausencia de costumbre.

Todo esto forma de vida trae como consecuencia enfermedades como diabetes, y derivados, alta presión, problemas cardiacos, problemas de movilidad y baja autoestima cuando el peso ya no es posible reducirlo.

Esto son apenas las consecuencias de la obesidad, porque además conlleva una elevada manifestación de poca aceptación por otro entorno que no sea el de la convivencia colectiva en donde todos tienen los mismos hábitos de consumos.

La consecuencia de esta forma de vida, buena parte la cobró la pandemia, en donde muchos de los decesos se dieron en personas con patologías diversas que de algún modo tienen que ver con el exceso de peso.

Es cierto que mantener un orden en el cuidado personal requiere de cierta o de mucha disciplina, porque debemos omitir todo aquello que se ve apetitoso y que de hecho lo es, como los alimentos fritos, las grasas saturadas y los carbohidratos procesados, además de llevar un ritmo sostenido de ejercicios que no significa un gran sacrificio si a la larga nos vemos y nos sentimos mucho mejor.

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La ecuación es comida sana, baja en azucares, carbohidratos y grasas y 30 minutos de caminatas diarias por lo menos por 3 días por semana para aquellas personas que nunca hicieron grandes esfuerzos y desean cambiar su forma de vida para una más saludable.

La compensación que significa cambiar a una vida saludable no tiene precio, aunque ciertamente, y lo admito, tengo toda una vida ejercitándome y he visto los resultados en una buena salud que me equivale a una medicina preventiva en todos los rubros, simplemente alimentándome bien y haciendo ejercicios con regularidad desde mis 19 años. 

Con esto no quiero decir que uno vuelve a tener el cuerpo y las medidas de los 20 años, esa no es la idea, lo importante es mantener un cuidado del cuerpo, de la mente y una ingesta alimentaria saludable donde se privilegie la comida sana, sin incurrir en exageraciones porque eso nos lleva al efecto rebote, si sentimos ansiedad y deseos de comer a horas que no sean las de las comidas, quiere decir que no nos estamos alimentando bien.

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Mi mayor recomendación (y lo digo con conocimiento de causa) es comer de todo, pero en pocas cantidades, tratar de hacer las tres comidas con énfasis en el desayuno, un almuerzo donde la proteína sea la reina y una cena ligera. 

Solo con costumbres saludables tendremos una vida rica en donde cuerpo y mente hagan una simbiosis armónica.

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