Priscilla

Delgado

Al Natural

Las buenas maneras no mueren

Es triste y lamentable lo que vemos a diario en nuestro entorno: poca empatía, ausencia de agradecimiento, agresión, pésimos modales, entre muchas otras formas de educación.

La agresividad es un comportamiento que debiéramos eliminar de nuestro comportamiento.

Hace mucho tiempo existía un manual denominado “El Manual de Carreño”.  Este libro que fue escrito por el venezolano Manuel Carreño allá por el año 1853, que consistía en un manual de urbanidad y buenas maneras, enseñando a las personas a comportarse en ciertos lugares, ya fueran públicos o privados.

Esta obra se popularizó en su momento, aunque clara y obviamente, para los efectos de las buenas maneras y educación, no es un manual el que debe dictarlos, sino la educación que adquirimos a través de nuestra familia y observando el comportamiento de los demás, así como el crecimiento que nos da nuestros referentes y la vida misma.

Ciertamente que en nuestra ciudad tenemos mucho que lamentar en cuanto al comportamiento y modales. Una de las formas evidentes es la forma de conducir en Panamá, además del ruido que se genera en esta ciudad por la impaciencia de los conductores, que se convierte casi como jugar a la ruleta rusa al manejar en esta ciudad hostil. Esto nos lleva la adrenalina a otros niveles, y lograr con suerte sortear los carros que se nos tiran encima, las motos, las bicicletas (estos últimos parecen que no están regulados por la forma tan especial de cómo se conducen).

Casi nadie respeta los estacionamientos para personas con discapacidad, se estacionan en cualquier lado. Hemos visto hasta agresiones hacia los agentes de tránsito, situación impensable en un país en donde se practiquen las buenas maneras y las personas actúen en consecuencia.

Ya en los autobuses y ahora en el metro, no se les otorga los asientos a las personas mayores o mujeres embarazadas, no hay cortesía en casi ningún lado y todos están en lo que llamamos “juega vivo”, tratando de colarse en cualquier fila.

Las personas hablan en la calle gritando, muchas veces insultando hasta dar la impresión de que en cualquier momento se irán a los golpes.

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Hace poco un chico de 23 años toco a otro a una discoteca, pidió disculpas y aun así lo mataron. ¡Eso estamos viviendo!

Es triste y lamentable lo que vemos a diario en nuestro entorno: poca empatía, ausencia de agradecimiento, agresión, pésimos modales al menos al subir o un ascensor y dar los buenos días, entre muchas otras formas de educación.

El trato en los locales comerciales es tan malo como mediocre, dando la impresión de que nos estuvieran haciendo un favor al atendernos cuando es uno el que desea comprar (más de una vez me he salido de un local debido a la evidente hostilidad y poco interés de la persona que está atendiendo).

Esto no lo digo yo solamente, lo plantea cualquier extranjero que viene en la búsqueda de un servicio y siempre lo manifiestan, estamos a años luz de ser un país de buenos servicios.

La generosidad es otra ausencia en nuestros valores. Me refiero a esa de obsequiar palabras que enaltezcan y que edifiquen a quien las escucha; somos incapaces de reconocer méritos ajenos, en cambio deseamos que nos reconozcan los nuestros como un deber, sobre todo, en el área de trabajo donde nos desempeñamos. 

En este sentido es deber de las personas que estamos insertas en el mundo laboral, el hacer las cosas bien sin esperar recompensas, hacer el trabajo con alegría porque al menos tenemos uno, en tanto que muchos de los que están afuera en las filas del desempleo atesoran.

En este sentido, vemos con tristeza que muchos quieren un empleo y no un trabajo, cosa diametralmente diferente. Todo está bien por varias semanas o meses hasta encontrarle al trabajo todos las dificultades y calificativos para evidenciar que ese “es un mal trabajo”.

Ciertamente que las personas que hemos viajado a Colombia podemos decir con total certeza que el trato de los colombianos es envidiable en casi todos los departamentos, incluido la costa que es el área donde más parecido tenemos.

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Quisiera pensar que el clima implacable que tenemos hace de nuestros compatriotas personas más impacientes, pero eso no es excusa para ver cada vez más situaciones incomodas que aparecen lamentablemente en las noticias y se convierten en virales, propagando aún más la forma de conducirnos en nuestro diario vivir.

Somos un gran país, pero ese gran país depende mucho del comportamiento, la actitud y la buena voluntad de la gente que habita en él.

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