Busca su primer Mundial

Leo Messi se juega la última oportunidad ante los ojos del mundo

Messi, Cristiano Ronaldo y los mexicanos Guillermo Ochoa y Andrés Guardado son leyendas con cinco mundiales sin importar lo que suceda entran a la historia

Leo Messi en su última copa del mundo

Por primera vez en toda su carrera, y considerando que ya han pasado cuatro mundiales y seis ediciones más de la Copa América, Lionel Messi, el mejor jugador de su tiempo, llega para un torneo de selecciones liviano, tranquilo, sin presiones ni controversias.

Messi tiene una gran obsesión por ganar, pero también sale al campo para llevarse un buen recuerdo de su último Mundial.

En julio pasado levantó un trofeo con la selección, en pleno Maracaná, rompiendo un tabú de casi tres décadas y permitiéndose sonreír, aliviado. En agosto se mudó a París y por primera vez en su vida defendería un club que no fuera el Barcelona donde vivió mucho más tiempo que en ningún otro lugar.

A los 34 años, sacudió su biografía y le da la vuelta a su vida en una especie de despertar tardío, cambiando la presión por la paz.

El Mundial sigue siendo la mayor gloria posible para un jugador, pero es un hecho que, al mismo tiempo, ya no es la piedra angular para subrayar las primeras líneas de una memoria. 

Si Messi sale campeón de Qatar, tendrá el punto más grande e inigualable de su vida, aullido obvio, así como el evento es el punto de partida para hablar de las trayectorias de Garrincha, Pelé, Maradona, Cruyff, Beckenbauer, Puskas, etc. Pero si se mantiene en el camino, no verá mermado su lugar en la historia, al contrario, ya está asentado en lo más alto, codeándose con los más grandes, al igual que su coetáneo Cristiano Ronaldo.

El dúo, protagonistas de una élite que pasa el testigo, forjaron la grandeza semana tras semana, con el tema principal de la Champions League, sin que necesariamente tuvieran que hacer llover en un huso horario globalista cada cuatro años. 

Cuando Hernán Casciari escribió Messi es um perro en 2012 se refería al jugador que más parecía un perro cuando fijaba la mirada en algo y no la soltaba en el Camp Nou, en los sprints sobre campos españoles, en los improbables goles de las noches europeas, no en las semanas en Sudáfrica poco antes. Fue un contraste que incluso se convirtió en un cliché: el genio del club Messi pasó la temporada y nos dio un Messi más aburrido y sin inspiración en el mes de la selección. A menudo se sintió como un obstáculo, como cuando insinuó un retiro internacional al fallar un penalti y otro título en 2016.

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Así fue también, algo marchito, en el Mundial de 2010, en un equipo caótico dirigido por su referente y espejo, Diego, eliminado con una goleada que Maradona comparó con un puñetazo de Muhammad Ali. Fue en la final de 2014, cuando falló el gol del título que no se puede perder y tuvo una actuación mediocre, desproporcionada para su responsabilidad. Todavía estaba en 2018, en roces con el entrenador Jorge Sampaoli, disperso, como si ya supiera que nada grande saldría de eso.

Ahora, tomó un tiempo, pero llegó. Lionel Messi, 19 partidos en Mundiales, hoy se presenta como el jugador, vocero, estrella y capitán de la selección argentina con la frente en alto y el discurso proyectado en el micrófono, ya no es ese niño criado en Cataluña que necesitaba mediar en cierta extrañeza. en ser dueño del once de su país, bajo la sombra maradoniana y sin la ligereza de su rutina en el club de casa. 

Un posible líder a su manera, con menos peso y más alegría, menos ganas y más disfrute, invitado a ser comparado con D10s , pero queriendo sólo ser Messi. Mucho ánimo como nunca antes con el uniforme albiceleste, vivimos para ver, quién lo podría creer.

Argentina, como Brasil, nunca ha carecido de grandes jugadores. Siempre han estado ahí, en masa, pero el desafío siempre ha sido convertirlos en un colectivo cuando crucen el océano para un par de eliminatorias sudamericanas. A menudo salía mal. Esta vez, la noticia es que Messi parece estar jugando en un gran equipo, así como en la recta final de la etapa de Alejandro Sabella (2013-14), es cierto, pero con más calidad y, sobre todo, confianza.

Marco ideal para un viaje único y finalmente a tope de una gran Copa en su estantería. El subcampeonato de hace ocho años solo vale como resultado, nunca como amuleto. Para los más grandes, el listón está alto y se espera que Messi haga lo que es Messi.

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Es inevitable hablar de la longevidad del argentino y su eterno antagonista Cristiano, que llegan al quinto Mundial de sus carreras, al igual que los mexicanos Guillermo Ochoa y Andrés Guardado. Si fuera fácil, no eran tan pocos, sólo otros cuatro en la historia. 

Pero mientras envejecer jugando es un hecho del fútbol actual, la evolución del juego también involucra a los jóvenes que parecen estar cada vez más preparados para asumir el papel desde una edad temprana.

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