Priscilla

Delgado

Al Natural

Otro diciembre más  

Llegó diciembre y con él, un mundo cargado de esperanzas, de ilusiones nuevas, de promesas, de propósitos. Para otros será un mes de recuerdos tristes, de carencias, de ausencias que no podemos eludir por más luces y adornos que pongamos en nuestras casas o en la ciudad y que son para el disfrute y recordación de esta fecha que debería ser para compartir en familia. 

Lo cierto es que diciembre es un mes muy lindo para algunos, pero muy raro para muchos. Sin tomar en cuenta que la Navidad es una fiesta religiosa, se aprovecha el mes para hacer otras cosas que nada tienen que ver con lo religioso y que van de la mano con un exagerado ruido alrededor de las fiestas decembrinas.

Se invierte en arreglar la casa, adornarla, para sentirnos arropados por la magia que supone nos debe dar la Navidad.

Este año en particular viene vestido de sinsabores, de muchas pérdidas, de mucha angustia a nivel mundial para los que sentimos en la piel todo el horror que subyace. Todos los días vemos con tristeza lo que arropa a nuestro mundo, independientemente de dónde sea el evento.

Esta fecha aumenta la tristeza que ya viene atragantada por muchos, como los inmigrantes que no tendrán Navidad, solo un día más para jugarse la vida en un país que ni siquiera es el suyo, en busca de un mundo mejor, sin saber que ese mundo mejor es relativo. Ellos gastan su dinero en promesas no cumplidas, llegando a un país que se supone sea mejor que el que dejaron y no saben lo que les espera en ese sueño de mejores días.

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Vivimos en momentos tan inciertos, tan raros, que parece que las palabras tolerancia, empatía y solidaridad se están escabullendo de nuestro cerebro para convertir los sentimientos en odio, venganza y aversión, como si todos estuviéramos divididos por fuerzas que nos jalan de un lado o de otro.

Este pequeño país, de cintura estrecha y adornado de distintos mares, no merece que estemos divididos; no estamos en guerra, somos una familia que se compone de muchas nacionalidades en donde todos cabemos, donde alzamos la voz para unirnos y cantar PATRIA cuando juega nuestra selección de fútbol y en los momentos de dolor, para apoyar a quien lo necesita, cuando algo falta a alguna persona o familia en donde la desgracia asomó por su puerta.

Recibimos a los extranjeros con buena cara, no nos molestan, siempre y cuando nos respeten y respeten al país que les dio cabida para hacer una vida, la cual terminamos por compartir costumbres y vamos adquiriendo herencias permanentes que las distintas diásporas nos van regalando.

Diciembre es un mes raro, porque viene cargado de tristezas, de añoranzas de aquellas personas que se nos adelantaron, pero por otro lado es un mes donde los niños si ilusionan y abrazan estas fiestas esperando los regalos que les prometieron que llenarán de alegría a muchos, aunque solo sea en diciembre cuando reciben un poco de esto que muchas personas tratan de palear su soledad y pobreza con un bocado distinto. 

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Otros, en cambio, recibirán más de lo que necesitan o han soñado, convirtiendo la fiesta en una dispareja en un mundo que no es igual para todos.  

Ojalá en este diciembre abracemos otra forma de vivirlo, otra forma de esperanza, en donde a los que nos regalaron la posibilidad de discernir, trabajemos con el ejemplo, construyendo un mes más justo y equitativo para todos.

Panamá es el sueño de muchos y lo que vienen y hacen una vida y no desean dejarlo. Aquí hacen familia, estudian de manera casi gratuita a diferencia de otros países en donde la educación gratuita es prohibida para la gran mayoría y aquí simplemente no lo vemos. No vemos en nuestro entorno todo lo que tenemos, todas las maravillas que con las que contamos en este territorio de 75, 517 Km, en donde la libertad se confunde con el libertinaje.

Cambiemos desde adentro para producir verdaderos cambios en los demás, que nuestros propósitos para el año 2024 sean de verdadera empatía, de amor, de trabajo comprometido, en donde podamos decir que sí somos ejemplo para seguir y que nuestros colores sean orgullo para los panameños y de respeto para los extranjeros.

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