Priscilla

Delgado

Al Natural

Un soldado de la música

Pablo Milanés: legado de amor, paz y equidad

Con Pablo Milanés se nos van muchos pensamientos patrióticos. Ya no hay revolución para reclamar, todas están hipotecadas por el dinero, ya no hay izquierda, real.

Pablo Milanés cerró los ojos a los 79 años, pero justo en ese momento su voz sonó más fuerte.

En 1968 nació en Cuba la “La nueva trova cubana” de la mano de Noel Nicola y Silvio Rodríguez, a la cual se unen después Pablo Milanés y Amauri Pérez.

Más que música, acompañada de guitarra, fue un movimiento social, reivindicativo, impregnado de patriotismo al calor de las revoluciones que se gestaban en ese momento, con cambios muy fuertes que impactaron a lo que éramos estudiantes contestatarios, ávidos de una sociedad más justa.

En ese entonces estaban sucediendo hechos históricos, como la caída de Salvador Allende, en Chile; las guerras en Centroamérica, la matanza de Tlatelolco en México, donde murieron 300 estudiantes y la apertura en España después de la muerte de Franco.

Fueron esas y otras las razones por las que la juventud abrazó con furor esta nueva expresión de canto. Una expresión de arte, es la canción Rabo de Nube, de Luis Eduardo Aute, español, que en una estrofa dice:

Si me dijeran pide un deseo

preferiría un rabo de nube
que se llevara lo feo
y nos dejara el querube.

Alejandro Filio de México, se integró a la Nueva Trova con canciones tan expresivas como esta:

En esta tierra solo existe la verdad
la democracia y la libertad,
nada de guerra, ni quién da más,
el poderoso me da igual.

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Para los años 70 nacen una suerte de voces que se quedaron para siempre en el cancionero iberoamericano como Ana Belén y Víctor Manuel, de España, al igual que Pedro Guerra.

En América la Nueva Trova fue muy cantada por Tania Libertad, Eugenia León y Guadalupe Pineda, que aún las tienen dentro de sus repertorios

Y así vamos descubriendo nuevas voces de protesta como Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Víctor Heredia, los hermanos Mejía Godoy de Nicaragua, Violeta Parra, Mercedes Sosa y Facundo Cabral.

La década del 70 en Argentina es, sin lugar a dudas, uno de los periodos más convulsionados de la historia del país. Se caracterizó tanto por las grandes movilizaciones populares, sindicales y estudiantiles, como también por el accionar de los diferentes grupos armados de izquierda.

Nuestra América estaba hundida en momentos históricos que transformaron el sentir de muchos, que se unieron a estas olas de protestas donde aspirábamos a un mundo mejor y fuimos etiquetados por izquierdistas radicales, pero siempre protestando con la música como arma de guerra.

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Panamá libró sus batallas con la gesta del 9 de Enero de 1964 y, posteriormente, con la devolución del Canal a manos panameñas; esos sucesos contribuyeron mucho a explorar nuevas formas de expresión, casi todas en contra del imperialismo yanqui y es donde Rubén Blades compone su famosa canción “Tiburón” y otras que aluden a los momentos duros del imperio, que atacaba sin piedad nuestra soberanía.

Teníamos un bar para expresarnos, “El Zaguán”. Allí, entre tertulias de amigos, cantando Rómulo Castro, Consuelo Tomas, con su grupo musical “Taller sonoro Demetrio Herrera Sevillano, también Cáncer Ortega y Luis Franco, luego en el año 1988 se incorpora Luis Arteaga.

Expiábamos el pesar de ver el dolor de nuestros hermanos latinoamericanos. Éramos jóvenes, casi todos de clase media, intelectuales, estudiosos, estudiantes en precariedad, pero con el alma y el pecho grande para gritar y reclamar contra las desigualdades.

El discurso latinoamericano sobre la identidad habló de reivindicar nuestro pasado, buscar la autenticidad, ser fieles a nuestras costumbres, retomar la cultura desaparecida por la alienación. En la indagación de la especificidad se han acuñado conceptos unificadores como ser americano, idea de América, americanidad y conciencia americana.

Hace un par de días se nos fue a otro plano uno de los más grandes influyentes de la Nueva Trova, Pablo Milanés. En lo personal, creo que es el más admirado de todos, porque supo hacer poesía, tanto para el amor como para la protesta. Canciones fuertes, definidas dentro de una letra sencilla, directa y clara. Como esta estrofa:

Todavía quedan restos de humedad
sus olores llenan ya mi soledad
En la cama su silueta
se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio en que no estás

O esta canción que alude a Chile con la caída de Salvador Allende.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
Y en una hermosa plaza liberada
Me detendré a llorar por los ausentes.

Con Pablo Milanés se nos van muchos pensamientos patrióticos. Ya no hay revolución para reclamar, todas están hipotecadas por el dinero, ya no hay izquierda, real, solo nos queda la identidad que nos deja esa idea, de procurar justicia social, a partir de cada uno, mantener los ideales; procurar y trabajar por un mundo más equitativo y más justo.

Si hay un legado de Pablo en sus canciones, fue ese: Amor, paz y equidad.

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2 respuestas

  1. Excelente recuento de lo mejor de la alianza entre música poesía y revolución. Contrario al pesimismo de su conclusión, la llama aún está encendida. Sólo cambia la clave de las canciones y de las acciones, pero las voces están vivas (Mon Laferte) y sus nuevos protagonistas haciendo historia (Boric, Petro, Lula).

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