Analisa

Williams Choy

UBUNTU

Yo estoy bien, si tú estás bien.

Por una vida más Linda

Quiero honrar a alguien que tuvo, de seguro, ángeles y demonios y que, con una vida sin mayores pretensiones, tuvo una existencia fiel a ella misma, en coherencia y alegría.

Vivir en armonía con uno mismo y con el en torno contribuye a que vivamos en comunidad.

Cada vez me convenzo más de nuestra doble vida o doble cara; de esa eterna dualidad en la que vivimos. En la que, en un lugar actuamos de una manera y en otro, no muy distante, actuamos diferente. Como dicen «luz de la calle y oscuridad de la casa».

Todos tenemos nuestros ángeles y demonios y enfrentamos guerras internas en nuestro intento de hacerlo como «debe ser».

Es que, en la medida que haya más diferencia entre lo que realmente somos y lo que queremos ser, estaremos experimentando más estrés e incoherencias en nuestras vidas; sintiéndonos de una manera y actuando de otra.

Y esta dinámica termina afectando a las personas que nos rodean, la mayoría de las veces juzgando si lo hacemos bien o si lo hacemos mal o si nos va bien o nos va mal. Así nos enseñó nuestra cultura, la sociedad, la familia, la escuela, en fin, la vida.

Por ejemplo, vemos a alguien en la calle con un carrazo y decimos «oye, a fulano le va súper bien» y después lo vemos caer en quiebra. O «qué linda familia» y al cabo de un tiempo se divorcian, o «fulano es exitoso» y después lo vemos en las noticias capturado por narcotraficante.

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Es decir, nos dejamos llevar por la fachada y, a partir de allí, vamos juzgando, etiquetando, suponiendo, cuando la realidad es otra.

Por lo anterior, propongo que cada uno se encuentre con sus propios ángeles y demonios, con sus incoherencias, para alivianar su carga y lograr caminar hacia la mejora y la transformación.

Hoy quiero honrar a alguien que tuvo, de seguro, ángeles y demonios (es que nadie se escapa) y que, con una vida sin mayores pretensiones, tuvo una existencia fiel a ella misma, en coherencia y alegría.

Tía Linda, a quien despedimos esta semana, después de haber pasado los últimos ocho años luchando contra el nefasto cáncer; que, aunque amenazó su vida desde el primer momento, ella nunca se dejó amilanar. Entendió que ante una amenaza contra la vida lo conducente es vivir más intensamente.

Fase avanzada, está mal, fulminante, se pasó de un lugar a otro…eran las frases mediante las que, por mucho tiempo, me enteraba sobre la salud de mi tía. Mientras nosotros nos preocupábamos, tía Linda se ocupaba de vivir lo mejor posible lo mucho o lo poco que le quedaba de su existencia terrenal.

Su forma de luchar contra esta enfermedad no fue poniéndose manchas de guerrera ni con convicciones de que va a sanar, desde el victimismo o el drama. Esta señora, gran maestra de vida, vivía en alegría.

Con un pensamiento simple, lleno de amor, demostrando cariño, mandando fotos de sus nietos, preguntándole a uno cómo estaba, alegre por los logros y animando y alentando cuando era necesario; pero siempre, siempre, con una sonrisa. No hablaba mal de nadie, no criticaba. Fue única, auténtica.

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Después de muchas de sus sesiones de quimioterapias, ella iba directo a las tiendas a comprar pulseras y collares, le encantaban, y las mostraba feliz y orgullosa. Como madre, suegra y abuela de artistas, era colorida, siempre buscando combinarse, la mayoría de las veces con morado, su color favorito.

Como hija de la buena gastronomía china en Panamá, tenía el paladar y el apetito en su punto; en ese sentido era muy osada, pues -hasta sus últimos días-, comía con gusto y sin remordimientos, todo lo que no le estaba recomendado.

Ella supo darle supremacía a los ángeles sobre los demonios, por lo que, además de alegría, me enseñó que se gana más viviendo en perdón y paz. Si la alegría y el aliento tuvieran cara, fuera Linda.

Ojalá todos aprendamos a vivir más livianamente como tía Linda que, a pesar de sus ángeles y demonios, necesitó poco, porque supo vivir, supo reír y afrontar sus adversidades. Hasta su último suspiro, nos dio y seguirá dándonos aliento….Por una vida más Linda.

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4 comentarios

  1. Querida Analisa, me encantó tu escrito. Que homenaje más hermoso para Linda, la has descrito tal como ella era. Gracias mi sobrina bella!!!!😍😍

  2. Siento mucho la partida de tu tía querida Analisa. Qué bonito el legado que te deja. Debe ser de lo más difícil mantener una actitud como la que describes, a pesar de las circunstancias. Eso habla de muchísima valentía y amor a sí misma. Te abrazo muy muy apretado y deseo que tu pena encuentre el mejor cause posible.

  3. Que manera más hermosa de homenajear a tu tía. Una mujer real, alegre, viva. Que ejemplo tan excelente para los que la tuvieron en su vida . No te doy, Analisa, mis condolencias. Te doy mis felicitaciones por haberla tenido en tu vida, en tu familia, en tu linaje. Un fuerte abrazo.

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