El primer debate dejó más preguntas que respuestas en cuanto a las manifestaciones de la mayoría de los presidenciales.

Aunque haya quienes duden del efecto que pueden tener los debates presidenciales en la decisión de los votantes, dado las características de los candidatos y la actual campaña, es muy probable que sí.
Ciertamente, la mayoría del voto es más emocional que razonado, por lo que escenario actual puede producir que, al menos se pierdan simpatizantes como causa directa un desempeño opaco en los debates.
Todo parece indicar que estamos frente a una elección cerrada, por lo que las apariciones públicas y, especialmente en los dos debates que están por venir, serán clave para la suma de votos.
El primer debate dejó más preguntas que respuestas en cuanto a las manifestaciones de la mayoría de los presidenciales.
La complejidad de los temas, el poco tiempo de maniobra y la cautela para hacer lo políticamente correcto, quizás incidieron mucho en la dinámica del debate. No obstante, hubo quienes se hicieron notar más y eso el votante lo recuerda.
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Para el debate que viene la preparación será fundamental. La claridad de las ideas, la solidez de los argumentos y la sustentación de las propuestas, subirán y bajarán a candidatos.
El llamado voto duro de los candidatos es muy probable que sea inamovible, pero para quienes siguen deshojando margaritas, una frase bien dicha o un ataque bien pensado puede definir todo.
Lo anterior de ninguna manera implica que al final se escogerá al mejor, pero como señalamos antes, las elecciones tienen que ver más con emociones que con la calidad y capacidad del aspirante.
Ojalá los candidatos hagan los ajustes de rigor y crezcan para el próximo debate, porque en esta primera escaramuza, al menos tres nos quedaron debiendo.
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