Puebla, la ciudad mágica

Una vista panorámica del conjunto monumental de Puebla que es reconocido por UNESCO. Foto de The Sane Travel

Hoy quiero rememorar mis vivencias por las ciudades de México y Puebla. Sus imponentes catedrales; sus leyendas; gastronomía; degustación de dulces típicos; su famosa y reputada cerámica de talavera poblana y el calor humano de su gente. Es lo que se guarda en la memoria después de 45 días, recorriendo avenidas, museos, catedrales y entre los variopintos comercios de esta hermosa tierra, principal escenario de las culturas prehispánicas azteca y maya.

Es extraordinario conocer la riqueza de civilizaciones antiguas y la histórica batalla del 5 de mayo de 1862, donde el Ejército de Oriente, comandado por el joven General Ignacio Zaragoza, derrotó a las tropas invasoras de Napoleón III. La lucha de Puebla representa uno de los episodios más gloriosos de la historia mexicana. Éste hecho se convirtió en un fuerte símbolo de la resistencia y del poder mexicano, representando justamente una victoria simbólica contra los grandes imperios.

El Estado de Puebla, por sus reliquias y monumentos, se ha convertido en un centro histórico declarado por la UNESCO, como Patrimonio de la Humanidad.

Ahora, los invito a cerrar sus ojos y dejarse llevar hacia una ciudad mágica, y a que se conecten con las emociones más profundas del alma.

Lo que verás a continuación es un tesoro cultural que me cautivó. Regresan los recuerdos con la visita turística panorámica de la ciudad de Puebla, tanto el recorrido a pie como en un turibús transitando la ciudad, degustando los guaraches, el agua de Jamaica, la horchata, el caldo de lima, las salsas picantes, el pozole, el mole poblano, el almendrado y sus exquisitos postres, un variopinto de exquisiteces que deja a las claras la excepcionalidad de la cultura mexicana.

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Viajamos desde México a la Ciudad de Puebla en compañía de mi cuñada Angélica y su esposo, el gran Güero.

José Luis y yo nos sentimos agradecidos por el esplendor de sus elegantes edificios coloniales, sus calles y sus sabores que honran sus tradiciones. Allí experimenté emoción, orgullo y una cascada de sentimientos encontrados que esta maravillosa aventura me provocó.

Inicio mi trayecto por las calles de Puebla con la curiosidad del extranjero. Lo mejor de recorrer una ciudad desconocida es que todo sucede por primera vez, y la realidad se presenta como algo recién inventado.

La ciudad de Puebla es plana y enorme, con leves ondulaciones, aunque el Centro Histórico es puntiagudo: por encima de los majestuosos edificios barrocos de máximo cuatro pisos, sobresalen picos de cúpulas y torres coronadas por cruces.

El Museo del Fuerte de Loreto es un edificio emblemático, testigo de un hecho de gran trascendencia en defensa de la soberanía nacional. En Puebla hay trescientas sesenta y cinco iglesias. La Puebla de Los Ángeles, como la nombró el fraile español que la fundó el 21 de diciembre de 1823.

Si se logra superar el agobio que genera la presencia de turistas, la confusión de los comercios, los ruidos del tráfico, el entretejerse frenético de los caminantes y entre el calor y el frío persistente, disfrutarás el deleite de un paisaje urbanístico de casas coloniales, edificios, fachadas, parques, mercados de artesanías, iglesias y museos que te dejarán sorprendido desembocan en el Zócalo, el mismísimo centro de la ciudad.

En el recorrido encontramos la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, la más antigua del continente, el primer templo suntuoso que bajo buenos diseños se hizo en América, consagrada en 1649, el edificio se organiza en cinco naves: una central, dos laterales y dos de capillas hornacinas, destaca su fachada de estilo renacentista.

La catedral es considerada como uno de los museos más importantes de arte novohispano y posterior por los tesoros que alberga.

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A lo largo de los siglos se ha enriquecido en obras de pintura, escultura, orfebrería y carpintería de gran calidad artística, así como sus decorados, las grandes puertas entableradas, cancelería y los tesoros de la sacristía que resguardan los ricos ornamentos sacerdotales bordados con hilo de oro y plata, vasos sagrados, cálices, copones, relicarios y cruces bañados en oro de incrustaciones de joyas y diamantes.

Cuenta la historia que una campana para el reloj. La de mayor peso y fama es la llamada «campana María». El peso máximo registrado de esta con su badajo es de 8 toneladas 572 kilos y 572 gramos. El reto y las tremendas dificultades que implicó subir la “campana María” a través de un angosto vano hicieron surgir la famosa leyenda de que fueron los ángeles quienes la subieron y sujetaron en su sitio.

Mi sentido recuerdo e infinita gratitud a la familia Mercado por estas vacaciones inolvidables. Estoy segura de que los amigos lectores estarán de acuerdo conmigo en que, a los nombres de Londres, Nueva York, París, Singapur y Dubái, hoy hay que añadir México.

La autora es comunicadora Social, escritora y candidata suplente a diputada por la Coalición Vamos por Panamá.

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