Priscilla

Delgado

Al Natural

Qué nos pasó en la pandemia

La pandemia de COVID-19 fue un evento sin precedentes que cambió la vida de millones de personas en todo el mundo, pero fue una oportunidad para aprender y crecer.

Hablar de pandemia casi tres años después pudiera verse como en mito urbano. Parece que eso no pasó, que fue una pesadilla, salvo por los cientos de personas que se nos fueron sin pedir permiso y el caos que se formó por no conocer nada del COVID; todo era nuevo y esa palabra nos decía poco.

Las casas parecían salas de hospital, los zapatos fuera, se lavaban los vegetales con jabones especiales, hacíamos de todo para no contagiarnos porque sabíamos que era un virus muy difícil y desconocido.

La distancia entre las personas se convirtió en un hábito, dejamos de abrazarnos, de tocarnos, otro ejemplo aprendido.

Hoy en día los que aún estamos vivos podemos decir, “yo viví una pandemia” con todas las implicaciones de esta, porque la última fue hace mucho y no nos llegó por acá, esa que atacó otros continentes.

El día que declararon pandemia todos, sin distingo, pensábamos que sería algo breve y pasajero, ni por un momento nos imaginamos que muchos estaríamos en modo teletrabajo, que los servicios a domicilio serian nuestros aliados porque estábamos encerrados.

Cada uno contará su experiencia de cómo vivió la pandemia, a partir de su realidad. Muchas familias compartieron por muchos meses espacios muy reducidos. Conocí a una en esta situación y cuando llegó el covid les dio a los diez a la vez.

Las historias personales son tan distintas como iguales, en muchos casos.

La pandemia de COVID-19 fue un evento sin precedentes que cambió la vida de millones de personas en todo el mundo, pero fue una oportunidad para aprender y crecer.

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La pandemia nos hizo más conscientes de la importancia de la comunicación. Durante este tiempo, las personas necesitábamos más que nunca formas de mantenernos conectados. Muchos fuimos compañía para proporcionar información y apoyo a las personas que estaban aisladas o solas.

La pandemia nos ayudó a comprender mejor el mundo que nos rodea. Aprendimos cómo se afectaron las personas de distintas maneras, sin contar con los desafíos y oportunidades que enfrentaba la sociedad la sociedad.

En general, fue una experiencia desafiante. Nos enseñó mucho sobre nosotros mismos y sobre el mundo, y nos ayudó a desarrollar un nuevo modelo de lenguaje.

El uso de la conexión a distancia se convirtió en una necesidad para no estar totalmente aislados, aun así, hubo personas que se encerraron, algunos generaron otro tipo de formas de ganar dinero, muchas empresas cerraron sus oficinas para siempre y hasta hoy siguen trabajando desde sus casas.

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Por mi cabeza nunca pasó pensar en aplaudir a un médico o enfermera porque hiciera su de trabajo de cuidar personas enfermas, pero en este caso, la carga de estos profesionales superó el límite del pensamiento de cualquiera.

Muchos médicos descuidaron las medidas de control por puro cansancio y se contagiaron, varios amigos murieron por estas razones.

Dentro de lo que fue esta pandemia hay tantas historias que nos alertaron sobre la fragilidad de la vida y lo cercano que estamos de la muerte, algunos se quitaron la vida porque no supieron pedir ayuda en un momento de angustia, otras parejas se separaron. El estar mucho tiempo juntos trae unión o separación y esto pasó en muchos hogares del mundo, en donde algunas parejas no parecían haber vivido juntos por mucho tiempo.

Ciertamente que la pandemia nos cambió, pero muchas veces siento que sacó de nosotros lo peor, lo más rabioso, lo malo que podemos llevar por dentro.

Diera la impresión de que muchos se han olvidado de este triste episodio y no vemos ningún cambio a partir de este suceso, aquí ni en el mundo entero.

Tal vez sí, un aprendizaje para algunos cuantos es que la familia es nuestro circulo de valor, ya sea de sangre o extendida y este es el núcleo en donde nos refugiamos en esta horrible situación que pasamos y las que seguiremos pasado en un mundo socialmente descompuesto y con personas que cada vez estamos más lejanas unas de las otras, sin dar las manos y sin siquiera ponernos en los zapatos de los demás, a fin de tratar de entender que si esta pandemia nos arrasó debería haberse quedado como enseñanza para hacernos mejores personas, más empáticas, pero nada parece haber sucedido.

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