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Repunte de la covid-19 y falso triunfalismo

Cerraron la mayoría de los puestos de vacunación y el sistema de citas fue relegado, dejando a la voluntad de cada cual asistir a colocarse la segunda dosis.

Ante el aparente repunte de los casos positivos de la covid-19 en Panamá, voceros de Salud y del gobierno central han querido atribuir toda la carga de responsabilidad a la población, lo cual no es justo.

Ciertamente, la población ha sido laxa en cuanto al distanciamiento y al uso de mascarillas en fiestas, cenas y reuniones, pero todo tiene su origen en la imprudencia del propio presidente Laurentino Cortizo, quien dijo que para diciembre era muy posible que se eliminara la obligatoriedad de usar los tapabocas.

Desde la cumbre del Ministerio de Salud, aunque se decía que la pandemia no había pasado, se mencionaba con insistencia que Panamá lo había hecho todo bien, mientras se gritaba a todo pulmón y en cadena nacional que teníamos al virus bajo control.

Las cifras mortuorias, de personas en Unidades de Cuidados Intensivos, así como la cantidad de contagios y gente en aislamiento cayeron de manera extraordinaria. Allí, se le anota un punto a la gestión gubernamental por el extraordinario, ordenado y ágil proceso de vacunación masiva que se puso en marcha a nivel nacional.

Pero después hubo una maniobra que no encaja en todo lo hecho antes.

Ya tenemos suficientes amenazas

Erróneamente, al discurso triunfalista, se le sumó la decisión de cerrar la mayoría de los puestos de vacunación y el sistema de citas fue relegado, dejando a la voluntad de cada persona el asistir a colocarse la segunda dosis, sin que mediara el control que hubo con las citas en fechas, horas y lugares específicos. Ahí comenzó la debacle.

Dejar a la voluntad de la gente el momento de ir por las dosis incidió en que muchas personas ni siquiera se hubieran puesto la primera vacuna, en tanto que otros quedaron a medio camino de tener el esquema completo.

La llegada de la variante ómicron, casi de manera simultánea con la decisión de colocar la tercera dosis de refuerzo, prácticamente ha empujado al gobierno a fortalecer los procesos de comunicación y revivir el interés de la comunidad que se sentía confiada a raíz de los mensajes equivocados que se dieron, cuando se ufanaban del supuesto triunfo sobre la pandemia y se dejó a la gente prácticamente al garete.

Preludio del caos

Aún estamos a tiempo de represar la avalancha de contagios de la covid-19 que se avizora y evitar las consecuencias nefastas que pudiera implicar otra ola de enfermos en el país.

No hemos ganado nada, ni lo ganaremos, porque este virus –por lo visto hasta ahora- llegó para quedarse por largo tiempo, lo cual implica que debemos mantener la prudencia y autorregularnos, en tanto que quienes nos dirigen deben enviar los mensajes correctos, en lugar de blandir trofeos que solo están en su imaginación.

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