Priscilla

Delgado

Al Natural

Rosa María Britton, una mujer extraordinaria

Rosa fue nuestra consejera, nuestro confesionario en los momentos de dificultades y se tomaba nuestros problemas como si fueran de ella.

Rosa María Bitton es la escritora panameña más reconocida internacionalmente.

La conocí mucho antes de la primera feria internacional del libro en el 2001, en uno de esos episodios donde a las mujeres nos toca visitar un ginecólogo.

Cerca del año 1997, ya estaba por crear la Cámara Panameña del Libro con el inconveniente de que había otra con el mismo nombre, pero de escritores, y fue entonces cuando realmente conocí a Rosa María Britton, quien nos cedió su pacto social para poder constituir lo que hoy es CAPALI.

En 2001 nos comprometemos a realizar la primera feria centroamericana del libro y es allí donde nunca más nos soltamos de las manos.

En este mismo año, en abril, fuimos la región invitada en Bogotá, Colombia y, por supuesto, ella estaba. Yo, muy preocupada porque a cuatro meses de la feria estábamos comprometidos, pero no teníamos un centavo para iniciar esta feria.

En una reunión, un compañero ya fallecido, JORGE CARRIZO, nos dijo «abortemos la feria” y Rosa dijo, “sobre mi cadáver”.

Yo calladita seguí con el entusiasmo de ella y al llegar a Panamá, Rosa consiguió dinero de un banco que nos apoyó y ya había contactado a 19 escritores de Centroamérica, entre ellos Sergio Ramírez Mercado, obviamente todos le dijeron que si, y finalmente la feria se hizo con una participación de público impresionante. 

Desde el día uno presidió el Comité Organizador de este primer evento junto a cinco entusiastas de las letras que confeccionaron el programa cultural.

De allí, poco a poco, fui conociendo a otra Rosa Britton, compartiendo con ella en su casa de playa con su marido Carl Britton, quien era su mejor juez en cuanto a los libros que ella escribía. Era un norteamericano que hablaba un español perfecto, pero con el acento que le quedó siempre. Leía libros en español y los comentaba con el criterio de un gran lector.

Carl fue muy querido por los pescadores de Farallón, quienes cada tarde se acercaban a su casa simplemente a conversar, a mí siempre me recordó a Ernest Hemingway.

Daddy, como ella le decía con gran cariño, tenía una colección de tornillos en un depósito al lado de su casa de playa, todos prolijamente arreglados que podían ser usados igual para arreglar una puerta que un barco; era una delicia ir a ese lugar solo para ver tornillos de todas las formas y tamaños y él con mucho cuidado nos decía para qué servía cada uno.

El terrible silencio del suicida

Rosa era la mejor cocinera que he conocido. Sus tajadas de plátanos maduros, que las freía cuando el plátano estaba negro, eran una delicia; me quedé con esa variante de tajadas. 

Igualmente, apenas nos despertábamos en las mañanas se recibían las notas de un bolero acompañado de mimosas, luego para el almuerzo un cerdo en caja china, y otro sinfín de manjares sencillos y con orígenes siempre cubanos. Siempre se complacía en cocinar para sus amigos.

Ella gozó del respeto de todos sus colegas escritores, tal como lo fue de sus colegas médicos y compartía su vida entre la literatura y la medicina, creo que ambas le gustaban por igual. Rosa atendió a mujeres humildes sin cobrar un centavo y esto es algo que no sabe mucha gente.

En sus 18 obras escritas quedaron sus rasgos personales, discurriendo en temas de historia panameña, muchos que tenían que ver con la mujer y con la medicina; poco tenían que corregir los editores, sus trabajos fueron presentados casi perfectos.

Así como escribía sin parafernalias, así mismo hablaba directo y al grano; su palabra no tenía dobleces. A algunos les molestaban sus argumentaciones, pero a la mayoría les encantaban sus intervenciones porque hablaba sin tapujos, directo y eso la hizo muy admirada en todos los escenarios donde tenía que intervenir.

En una ocasión la invité a inaugurar una biblioteca en el centro penitenciario Monte Esperanza en Colón y una vez allí comienza a hablar (yo siempre pensando en el mensaje que llevan los libros con un auditorio de más de 100 internos).
Inicia con: “Cuándo fue la última vez que se hicieron un examen de la próstata”.

Todos miraron al suelo, pero con gran respeto, los estaba visitando la doctora. Rosa Maria Britton, poco menos que una Rock Star. De allí siguió hablando de lectura, pero esa pregunta sin duda rompió el hielo.

Algo que admiré de ella fue su devoción como médico. En una ocasión estábamos en Honduras y me enfermé con una migraña de esas que uno siente que el mundo se acaba. Cabe señalar que las docenas de veces que viajamos a ferias, siempre le daban un cuarto o suite para ella sola, pero prefería compartirlo conmigo. En esa ocasión la veo a las 5 de la mañana, medio dormida en una silla, y le pregunto qué haces despierta a estas horas? y me dijo “esperado que no te murieras por tragarte un vomito”.

La música como expresión del arte

Me había pasado toda la noche vomitando y ella velando mi sueño sobresaltado.  Esa era ella, dormía pocas horas, lo que le permitía leer mucho y escribir en cualquier lado notas que le servirían para su siguiente libro, que ella misma corregía. Manejaba la palabra con gran maestría, que casi no necesitaba corrector de estilos.

Sus grandes amores fueron sus dos hijos Walter y Gaby, hoy día una mujer importante en la ciencia, tanto de Panamá como del mundo.

Rosa, cuando hablaba de ellos, se quedaba corta. Ellos hicieron honor a los padres que tuvieron y son personas cercanas y descomplicadas. Gabrielle, muy comprometida en su mundo de investigación, pero con poco ruido, ella de manera silenciosa realiza un trabajo extraordinario en el área de las Neurociencias y ha sido varias veces reconocida.

En una ocasión nos tocó tener un stand a la Feria del Libro de Guadalajara y entre todos llevamos los libros en las maletas y ella era una más de las que le tocaba cuidar stand, firmar libros y presentar autores en esa prestigiosa feria. Nunca lo olvidaremos y fue otra más de las veces que compartíamos hotel, en esta ocasión un departamento alquilado. 

Nuestra querida Rosa, además de ser una excelente escritora y una gran profesional de la medicina, fue una gran bailadora. Su origen cubano estuvo con ella hasta el día de su despedida, y fueron muchas las veladas en su departamento que compartimos con sus amigas de siempre. 

Algo particular de ella es que era fiel a sus afectos y no eran muchos, a pesar de ser una mujer conocida con una voz y una palabra que hoy día nos hace mucha falta.

Rosa fue nuestra consejera, nuestro confesionario en los momentos de dificultades y se tomaba nuestros problemas como si fueran de ella.

En cada feria internacional que organizábamos, al país donde íbamos. los organizadores llamaban a Rosa María para que participara por Panamá. Fue tal vez la escritora más reconocida fuera de nuestras fronteras.

Su estancia final en este mundo terrenal fue inolvidable, porque antes de que la llevara al hospital, pude estar con ella y tomarme una botella de vino, tomada de sus hermosas manos, con sus uñas pintadas de rojo.

Fue una tarde especial, porque tuve la oportunidad de recordar junto a ella lo bien que la pasamos juntas, pese a la gravedad y el dolor que se sentía, le logré sacar una sonrisa. Recuerdo que me dijo; “Semáforo”, ya estoy cansada. A veces me decía así por mi cabello rojo.

Los libros y la lectura quedaron huérfanos de su madre, pero para muchos es y será un gran referente; su despedida fue como era ella: música con mimosas y sin llanto.

Sus amigas hemos conformado un grupo para, de tanto en tanto, reunirnos y recordarla porque hay mucho que recordar de Rosa María Britton.

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2 comentarios

  1. Precioso tu escrito sobre Ros María. Ella era mi ginecólogo y ademas mi amiga. Compartimos momentos agradable cuando ella participaba , con el entusiasmo que describes, de “La Semana de la Mujer” que organizábamos en el Comando Sur. Era efectivamente una persona extraordinaria.

    1. Gracias Lucia. Quería que conocieran un poco de lo que mucha gente no conoce, esa mujer extraordinariamente humana que fue Rosa Britton.

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