Seres sin dotes

Tenemos un criterio laxo para el asesinato con sacerdote de apetito voraz incluido en la habitación 49 del Hotel El Panamá y otro criterio rígido para los miembros de la comunidad LGBTI.

El trato especial que se le ha ofrecido a algunos miembros de la Iglesia ha sido muy cuestionado. Foto ilustrativa

Cuando se recibe el sacramento de la orden sacerdotal es porque, según el catolicismo, ese hombre dejó de ser común y corriente para convertirse en un ministro de Cristo en la Tierra. 

A renglón seguido continúo cavilando sobre el hecho de que permanecer callados ante las atrocidades es colocarse en el lugar del opresor y en ese sentido me aterra la pasividad de quienes defienden con furibundos argumentos su fe cristiana en Panamá, y a la vez permanecen incólumes ante los abusos de sacerdotes contra los más vulnerables. 

Me aterra porque esa armoniosa disonancia social resuena con estruendos, pero se reúnen los fines de semana y reciben la homilía de quienes son potencialmente los depredadores emocionales y sexuales de sus propios hijos. 

“Es que una cosa es mi fe y mi creencia en Dios y otra cosa es lo que hacen esos pocos sacerdotes que merecen todo el peso de la ley”, les escucho cada vez que una atrocidad sale a la luz.

Me cruzo de piernas, giro levemente mi cuello a la derecha mostrando mi yugular, y asiento tal como lo hace Barak Obama cuando escucha a sus oponentes. Con esa clase de razonamiento no puedo debatir, el dogma les ciega. 

La connivencia entre sacerdocio y poder es tal que no me arriesgaría a enviar a cualquier niño a convivios sacerdotales o clases de catecismo. 

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Yo no puedo pertenecer a un partido político plagado de escándalos, miembros prominentes con historial delictivo, gentuza entronada, recua de impunes y roedores del erario, así como tampoco puedo permitir mi presencia en congregaciones religiosas misóginas donde muchos de los altos mandos llevan una vida licenciosa, amparados por grandes firmas de abogados, astronómicos fondos financieros sin filtro de un audito serio y poderes más allá de lo imaginable que a su vez desprotegen a las víctimas por las que dicen orar.

Muy a pesar del doble rasero que el Vaticano maneja con relación a la homosexualidad, en lo personal no me incomoda que en ese Estado las relaciones sexuales sean la constante entre dos adultos incluyendo el derecho de pernada.  Lo que me repugna es ver la colusión vestida de fe entre muchos feligreses y la maldad del prelado.

Admiro a hombres con mucho dote como Adam Kotas (católico polaco, no romano) y a las decenas de sacerdotes jesuitas asesinados durante las dictaduras en Latinoamérica, muy especialmente a Héctor Gallegos.

VEA ESTO: Sacerdote es condenado y destituido por actos libidinosos contra menor de 17 años

Otro que también tiene mi respeto es Marcos Bisceglia, miembro fundador de 1ARCIGAY. 

En sus declaraciones al periodista vaticanista Fréderic Martel, detalla que durante las décadas de los años 1930 a 1950, decenas de miles de curas italianos creyeron que la vocación religiosa era la solución a su “problema”. 

Martel, en su libro Sodoma, detalla que “la homosexualidad es una de las claves de su vocación” y es que se cae de su peso porque cumplía varios propósitos.

Se mantenía a la familia orgullosa del miembro homosexual enclosetado.

El miembro homosexual estaba dentro del sistema perfecto sin acoso escolar.

El sistema perfecto (la iglesia católica) tiene respaldo mundial.

El homosexual dentro del sistema responde al llamado de sus deseos carnales.

El patrón trasciende fronteras y Panamá no es la excepción. 

El Vaticano es una franquicia que opera en cada país tal como lo hace en su casa matriz y tan solo basta con recordar la forma en que, en 1982 en Londres, falleció 2Roberto Calvi, “el banquero de Dios”.

Así como en 2020 anularon la condena en Australia contra George Pell – tesorero del Vaticano – por abuso sexual; ayer nos enteramos que en Panamá al sacerdote 4Luis Ruíz Quiroga, condenado a cinco años por actos libidinosos, le suavizaron la pena por trabajos comunitarios.

Me pregunto si la justicia panameña hubiera sido tan benévola en caso de que el delincuente hubiera sido un homosexual abiertamente declarado o una lesbiana consumada. 

Tenemos un criterio laxo para el 5asesinato con sacerdote de apetito voraz incluido en la habitación 49 del Hotel El Panamá y otro criterio rígido para los miembros de la comunidad LGBTI.

De acuerdo a Sodoma, Juan XII, Benedicto IX, Juan de Salisbury, Bonifacio VIII, Pablo II (vida muy escandalosa, murió en brazos de un paje), Sixto IV (nombró cardenales a sus amantes, incluido a Rafael, su sobrino), y recientemente Francesco Lepore y el estrafalario Raymond Leo Burke; todos gaissimos.

Y como Panamá nunca se deja, en 2019, tres sacerdotes fueron desvinculados no por ser homosexuales, sino por ser tan pendejos de dejarse descubrir.

Rompieron uno de los diez mandamientos de Sodoma; ser gay no es el problema ni tener sexo con otro hombre tampoco pues el estándar vaticanista es ser homosexual mientras no lo reveles ni tampoco milites a favor de esa causa.

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Le agradezco a usted, amable lector, por su interés en mis letras y si hasta aquí ha llegado conmigo le invito a que se entretenga indagando sobre el Dignatatis Humanae Institute, una asociación ultra conservadora con militancia de los prelados más extremistas y oscuros, lobistas, monárquicos legitimistas, abiertamente homofóbicos y con músculo político.

Enfatizo que la orientación sexual homosexual no es sinónimo de pedofilia, pero el encubrimiento y aminoramiento de todos sus delitos es el emblema vaticanista de todos sus pecados y esos sacerdotes son seres sin dotes.

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