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Si la mayoría acepta la vacunación, las imposiciones están de más

Hemos dicho antes, y lo repetimos ahora, el papel de Gobierno debe ser el de convencer y no vencer.

Las 7,479 víctimas fatales de la covid-19 registradas en Panamá son reales. Los 533,539 contagios contabilizados son una realidad, la existencia del virus que causa la enfermedad es inobjetable y la pandemia está aquí hace ya dos años.

Se trata de hechos que están por encima de las elucubraciones sobre supuestas conjuras y conspiraciones para acabar con humanidad o vacunas despechadas masivamente para monitorear, exterminar o reducir la población mundial.

También es un hecho que desde que las vacunas comenzaron a ser utilizadas, las cifras mortuorias han menguado, lo mismo que lo enfermos graves.

Insistir en no acatar las medidas de bioseguridad y no vacunarse constituyen posiciones incoherentes con relación a lo que la realidad nos está demostrado.

Afortunadamente, en Panamá, una inmensa mayoría de la población, incluyendo a los menores de 5 años de edad hacia adelante, están respondiendo bien a la convocatoria de la vacunación masiva. Eso lo aplaudimos.

Hasta cuándo el estado de emergencia

No obstante, aunque nos parece que la vacunación constituye la senda correcta, no deja de causar mortificación que, en nombre de la salud colectiva, se conculquen derechos que luego sean difíciles de recuperar.

Hemos dicho antes, y lo repetimos ahora, el papel de Gobierno debe ser el de convencer y no vencer. No se trata de imponer, sino de explicar de manera coherente sobre lo que sucede y enviar los mensajes correctos a esa parte minúscula de población que aún se resiste.

Asirse de un precepto legal, interpretado antojadizamente, para obligar a la gente a inocularse la vacuna es la antesala a la imposición de otras medidas y a desconocer la autonomía que todos debemos tener para tomar nuestras decisiones.

Por su parte, los antivacunas deben comprender de una buena vez, que la mayoría optó por el camino de la vacunación, por lo que no pueden pretender que se haga mucho en la dirección que ellos apuntan.

Así como se ha logrado un balance entre los asuntos de la salud y la apertura comercial, igual debe suceder en el tema de vacunación que, ciertamente, parece nuestra tabla de salvación, pero de ninguna manera, debe servir como plataforma para acostumbramos a renunciar a nuestros derechos.

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