Analisa

Williams Choy

UBUNTU

Yo estoy bien, si tú estás bien.

Todos tenemos muchos ‘primer día’

El primer día haciendo algo nuevo, siempre puede despertar nuestros nervios, incertidumbres, incomodidades, que no encajamos y, por supuesto, miedo a cometer algún error.

Iba justo a tiempo a una cita, ni un minuto más ni un minuto menos. Estaciono el carro en un lote de estacionamientos, corro a la garita y está un joven que ni me mira a los ojos. Me dice: Espere. Yo espero, mientras veo cómo se desajusta la exactitud de mi programación y empieza la preocupación.

Me pregunta por la placa del carro, su color, modelo y marca. Empiezo a dejar de respirar y a desesperarme y le digo sísísísísí a todo. Así, pegado y con voz acelerada.

Después repite todas mis respuestas para asegurarse, y empieza a escribir en un papel.

Tengo tres semanas yendo a ese sitio, a la hora en punto y siempre entraba en menos de un minuto. Callé enojada.

Me mira a los ojos, me dice: Disculpe, es mi primer día y, tímidamente, sonríe.

Mi prisa se detuvo al percatarme y traté de entender lo que le sucedía; lo que me sucedía, mejor dicho.  Le pedí disculpas por mi aceleramiento y le comenté que todos tenemos varios “primer día”.

Y mi estructura puntual se desvaneció con esa frase “es mi primer día”, porque yo he tenido muchísimos “primeros días” y faltan muchos por venir.

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No hay forma de aprender algo, hacer algo, sino es por el inicio. Un primer día de clases, primer día de enamorados, primer día de ser padres, primer día en el trabajo, primer día manejando, primer día tomando un bus, primer día sin pareja.  El primer día haciendo algo nuevo, siempre puede despertar nuestros nervios, incertidumbres, incomodidades, que no encajamos y, por supuesto, miedo a cometer algún error.

La vida no es estática, por el contrario, es un movimiento constante que nos lleva a tomar riesgos, donde a veces acertamos y otras tropezamos. Luego de esas caídas, es donde inicia todo un proceso de aprendizaje, de mejorar y seguir ese movimiento, al punto que llegamos a dominar nuestra andanza…hasta que viene otra bajada u obstáculo en el camino.

En este camino se encuentra algo muy frecuente que es el error. Nuestra sociedad no nos deja fallar, porque tenemos que “portarnos bien”, “ganar”, “jugar más”, “estudiar más”, “bailar mejor” y este temor al error se convierte en terror, ya que no es aceptado y lo acompañan grandes culpas y arrepentimientos. Sentirnos derrotados no se vale, supuestamente.

Equivocarnos realmente nos hace ganar y crecer, lejos de lo que, generalmente, nos enseña la sociedad, la educación, la cultura, la familia.

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Este miedo a equivocarnos nos lleva a seguir en los mismos caminos que no nos permiten entrar en nuevas dimensiones y crecer.

Nos cuesta aceptar fracasos, rechazos y tenemos falta de confianza en nosotros mismos, sobre todo, cuando vemos tantas personas “exitosas” en redes sociales. Y lo peor de todo, nos lo creemos y maximizamos esa sensación de incapacidad en nosotros, pensando que no tenemos la habilidad.

Las altas expectativas sociales también son un factor para no aventurarnos, acompañadas con juicios de valor. Malditos juicios que no nos dejan ser auténticos.

Todo esto lo hacemos, incluso hasta cuando sabemos que significa perder oportunidades de vida. Nos paralizamos, nos congelamos y huimos.

Son momentos de cambio y nuestras formas también pueden cambiar.

Si te sientes paralizado y te sientes satisfecho así, tienes tus razones y la única persona que tiene derecho de aprobarte o desaprobarte eres tú mismo.

En caso que quieras atreverte y no sabes cómo empezar, identifica qué acciones tomas cuando te apodera ese temor a atreverte. Luego identifica lo que estás pensando y sintiendo. Y busca cómo podrías sentirte, qué podrías pensar y hacer, si te atreves. Pónles nombre y cuéntate una nueva historia para adueñarte de tus patrones y retomar ese camino, con pequeñas acciones.

Luego de haber estado en mi reunión con el pensamiento en toda esta reflexión, cuando salí, en el estacionamiento, solo fui directo a felicitar al chico y a desearle el mejor primer día de todos los primeros días de su vida.

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La próxima vez anticiparé mis tiempos y dejaré un espacio holgado para mantener la calma y despertar consciencia sobre qué y quiénes me rodean. Y comprender que cada quien realmente está en su propia historia, muy diferente a la mía, con lo que, siendo amable con esa persona, puedo apoyar en mantener un mejor ambiente, una mejor relación y, así, una mejor sociedad y un mejor país.

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2 comentarios

  1. Como siempre excelente escrito! Las primeras veces en ocasiones marcan las siguientes veces en una situación. El ser humano por naturaleza quiere que la primera vez sea IDEAL pues marca un camino… lo gracioso es que se recuerden más las primeras veces desastrosas que las ideales …. Y eso tiene su importancia… pues del error o el fracaso podemos tener mayor empuje para seguir .

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