Priscilla

Delgado

Al Natural

Ver la vida con el vaso medio lleno

No es un tema de reír, lo cual se puede ver como una metáfora, es un tema de asumir la vida con alegría, que esta palabra quede inserta en nuestro ADN.

Apenas nacemos el mundo nos recibe con una nalgada que nos pone a llorar rabiosamente por varios minutos.

Si esta forma de nacer determinara cuál sería nuestro andar por la vida, seguro estaría plagada de infortunios.

Reímos y lloramos de manera espontánea, pero lo cierto es que detrás de estas simples acciones se esconde un mundo de sentimientos y emociones.

De hecho, desde hace décadas los psicólogos, neurólogos y bioquímicos están estudiando ambas reacciones y ahora sabemos que tanto reír como llorar ejercen un poderoso efecto sanador.

El acto de reír activa más de 300 músculos por lo que es una de las mejores terapias para mantener nuestra piel tersa y joven. De hecho, reír mejora la circulación sanguínea y los niveles de oxígeno. No obstante, más allá de la belleza, la risa también se ha develado como un portentoso analgésico natural.

No es un tema de reír, lo cual se puede ver como una metáfora, es un tema de asumir la vida con alegría, que esta palabra quede inserta en nuestro ADN a fin de que cuando nos lleguen los momentos de pesadumbres podamos administrarlos de manera correcta.

¿Se han fijado en las personas que no saben reír? ¿Se han fijado en aquellas que sí lo hacen? Denotan una enorme diferencia para establecer un contacto con ellas.

Todos los días vemos en nuestro entorno lo que yo llamo “un producto terminado”, una persona que se vive quejando de todo, desde que amanece, porque es muy temprano, hasta el anochecer porque está cansado y es muy tarde; el tema es quejarse.

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Sus palabras y acciones son el resultado de una vida que parece llevar a cuestas y todo indica que a ellos no les toca un solo minuto de bienestar que les produzca un poco de placer.

Aunque tengan una situación económica sólida, trabajo y salud, nada los hace sentirse bien en el entorno y son las típicas personas destinadas a sufrir distintas enfermedades porque se sientan enfermas con la vida.

No admiten bromas de ninguna naturaleza, no admiten el buen humor en sus vidas y uno que está cerca, no sabe ni sabrá cómo se sienten porque su rostro no refleja ningún síntoma de cómo se sienten.

A la gente feliz les brilla la mirada, se ríen de sí mismas, gozan de su trabajo por duro que este sea, porque parten de la premisa que tienen de un empleo y eso es agradecimiento.

Las personas felices no usan las redes para injuriar, no usan la palabra para hacer daño, no escuchan comentarios negativos de otras personas, y mucho menos los aplauden y circulan.

Las personas felices adornan su vida de situaciones y momentos no de “cosas”, estas últimas son materiales y los momentos son eternos.

Se dedican a compartir con las personas que le agradan a plenitud, su amor por este prójimo es sincero y desinteresado, y las demás personas lo notan.

Buscan experiencia que los edifiquen ya sea solos o en compañía (no se necesita estar acompañado para sentirse bien) y, por lo tanto, sus espacios de ocio los saben asumir sin que nadie les imponga agendas, esas las ponemos nosotros de acuerdo con nuestras prioridades y necesidades.

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Lo que es cierto es que las personas viven más y con mejor calidad de vida si tienen mayor interés por sus semejantes, las personas más empáticas y solidarias son más felices, las personas que no hablan de sí mismas, las personas que tienen un proyecto cualquiera sea su edad tienen más posibilidades de entender la vida mejor.

La vida es como un gran paseo en donde nos debemos detener a disfrutar de ese regalo, es como una pintura que hacemos nosotros la vamos llenando de los colores que nos gustan, disfrutando cada paleta, cada espacio, cada olor, cada fragancia para que se nos impregne en ese sentir diario que es lo que le da sentido a nuestras vidas para seguir acumulando sonrisas, personas, palabras, música, sentires, que al final es lo único que se nos permite tener dentro de nosotros

Solo nos tenemos a nosotros y por lo que es un deber ser felices, no hay otra opción. Alejar la tristeza es la mejor opción, aunque tengamos que llevar cruces que muchas veces sean muy pesadas.

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