Analisa

Williams Choy

UBUNTU

Yo estoy bien, si tú estás bien.

Vivir sin máscaras y fuera del closet

Todos tenemos nuestras luces y sombras, claros y oscuros, y podemos aprender a navegar sin tanta máscara y closet. ¿Cómo? Desde el reconocernos, aceptarnos, amarnos más y ser fieles a nosotros mismos.

Estamos por celebrar el primer Carnaval después de tres años de encierro. Tras una gran espera, los pueblos se preparan para esta nueva inyección económica que tendrá como motores: el desquite y la euforia por gozar y disfrutar.

El Carnaval es un momento de fiesta y celebración colectiva en donde para la mayoría “todo se vale”. Un paréntesis justo y necesario en medio de la rutina, con el fin de “ser uno mismo”.

Recuerdo aquellos carnavales en los que se usaban máscaras para esconder nuestro real yo y crear misterio. 

Al pasar el tiempo, esta dinámica de máscaras de diferentes fiestas y tradiciones, se ha transformado en un juego de realidades o verdades.

Las máscaras se han ido convirtiendo en armarios o closets, y entonces en carnavales hacemos lo opuesto. Nos quitamos la máscara y nos salimos del closet en estos días de deshinibición y gozadera. Para muchos, es una necesidad casi fisiológica y para otros, es una puerta al infierno.

En los avances de nuestra sociedad, las máscaras y los closets no son tema exclusivo de carnavales ni de personas que tengan otra preferencia sexual, sino que son parte de nuestro atuendo y mobiliario diario. La gran mayoría tenemos máscaras y closets que nos están llevando a una espiral de estrés, malestar y sufrimiento.

Muchos hemos decidido ponernos nuestra máscara de “la buena cara”, esa que esperan los otros y la sociedad en general. Manteniendo unas “reglas” de cómo “debemos” o “tenemos” que funcionar en cada situación.

La máscara sonríe y estamos tristes o incómodos. La máscara se burla y nos sentimos heridos. La máscara está en silencio y apenada y el alma nos está gritando y la cabeza explota de tanto pensar. 

Sonreímos para la foto y nos sentimos miserables. Nos tomamos fotos, ponemos filtros y apenas suena el click de la cámara la sonrisa se borra inmediatamente.

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En público nos mostramos felices con nuestra familia y/o pareja y por debajo existe una dinámica hostil y/o desconectada. Nos volvemos complacientes y por debajo, necesitamos agradar, no ayudar.

Pretendemos ser de una forma y por debajo, hay otra realidad; con otra identidad.

Casi una doble personalidad. Todo esto, por temor a ser juzgados y con un corazón angustiado.

Estos ejemplos y muchos más nos llevan a dejar de ser nosotros mismos, y esto es vivir en una mentira o en deshonestidad con nosotros mismos; vivir limitados y no ser nuestra mejor versión abrazándonos y aceptándonos.  Vivir así, no es vivir y el tiempo pasa.

Y es que todos tenemos nuestras luces y sombras, claros y oscuros, y podemos aprender a navegar sin tanta máscara y closet. ¿Cómo? Desde el reconocernos, aceptarnos, amarnos más y ser fieles a nosotros mismos.

Para revisar mis máscaras y mis closets hay que hacer un viaje interno, más pesado para unos que otros. Y Revisar, ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Cuáles son mis luces? ¿Mis sombras? ¿Qué provoco en otros? ¿Qué provoco en mí? ¿Cómo podría mejorar? ¿Cuál es mi forma? ¿Estoy cómodo conmigo?

Quitémonos las máscaras y salgamos del closet, aprendiendo a velar por nosotros, en hacer el bien con congruencia y responsabilidad. Que lo que pensemos y sintamos, sea consistente con lo que hagamos y digamos.

Teniendo claro que siempre habrá alguien que no esté contento con lo que hacemos, con lo que decimos, con lo que somos. Y que nuestra fidelidad con nosotros mismos sea más importante que lo que piensen los otros.

Destaquemos el valor de la autenticidad. Nadie tiene el derecho a imponernos lo que tenemos que ser y hacer.

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Asumamos nuestra verdad y utilicémosla en cada una de nuestras acciones porque cuando uno asume su verdad, les aseguro que así seremos más plenos, ya que nos liberamos de esa intención de ser aprobados o aplaudidos por los demás.

Encontrar la paz y vivir en paz, requiere empezar con ponernos en paz con nosotros mismos.

Que el coraje y la valentía sean nuestros nuevos aliados para poder hacer de nuestra vida un Carnaval, en donde procuremos alegrías, disfrute y ser nosotros mismos, sin extremos, sin escondites y con libertad y paz.
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