No es normal no saborear nada y la consecuencia es sufrir de ansiedad al probar muchos alimentos a fin de determinar si mejoraba este sentido o, por el contrario, olvidarse de la comida y hasta del sabor del agua.

Se imaginan vivir sin saborear lo que comemos. Esta es una afección sumamente rara llamada “disgeusia” y se define como una alteración en el sentido del gusto, haciendo que la persona perciba sabores con menor intensidad o no sea capaz de distinguirlos siquiera.
Esta enfermedad afecta de forma muy negativa a quien la padece, ya que no permite degustar adecuadamente los alimentos y bebidas. Además, implica otras complicaciones y molestias. La misma se da por distintas razones.
Nacemos con los llamados cinco sentidos que son el tacto, que nos permite sentir la piel, tocar, sentir calor o frio; la vista, el olfato, el oído, que además nos permite el equilibrio, y el sentido del gusto.
Si pensamos sobre de cuál nos desprenderíamos si nos pusieran a elegir diríamos que de ninguno, porque cada uno tiene su función vital: ver, sentir, olfatear, escuchar y saborear. Pero, si uno de ellos se ausenta, seguramente se potenciarán otros y de esto se trata mi artículo de hoy.
Hace poco conocí a un maravilloso joven profesional de 26 años que desde niño (8 años) practicaba artes marciales como Muay Thai (boxeo tailandés), entre otras actividades que son de alto riesgo, si recibes golpes en el rostro y esto le sucedió a mi joven amigo.
No fue hasta los 20 años que observó que algo andaba mal con su sentido del gusto y fue a partir de tomarse un café y necesitar más azúcar de la indicada.
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Su madre se dio cuenta que no era normal la forma en que nuestro amigo endulzaba el café, bebida que le gusta mucho y, poco a poco, su sentido del gusto fue disminuyendo hasta que se dio cuenta de que no era normal lo que le sucedía y buscó apoyo médico.
En medio de la desesperación de no saber qué estaba sucediendo con su paladar, se desesperó y en algún momento hasta pensó en el suicidio.
No es normal no saborear nada y la consecuencia es sufrir de ansiedad al probar muchos alimentos a fin de determinar si mejoraba este sentido o, por el contrario, olvidarse de la comida y hasta del sabor del agua porque, aunque digamos que el agua no tiene sabor, sí lo tiene. Para escribir este artículo probé distintas clases de agua y en efecto, todas tienen “sabores”.
Igual le sucedió con alimentos con bajo sentir del gusto, como galletas, en donde tampoco percibía ningún sabor.
Repasando todo tipo de propuestas, sus médicos mediante distintos tratamientos, le informaron lo que le esperaba; viviría toda su vida sin sentir sabores, el cual quedará ausente del resto de sus sentidos. ¡Duro, no!
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Qué hizo mi amigo. Se apoyó en el resto de sus sentidos plenos y decidió ignorar su padecimiento percibiendo el resto, pero fue el olfato el que más se acercó a su vida.
Cuando se tiene el olfato sobre potenciado, se evidencian unos problemas que uno ni se imagina. Mi amigo siente olores a metros de distancia, con lo que tiene que lidiar con las relaciones afectivas con discreción, disimulando su malestar por ciertos olores que posiblemente yo no distingo, pero él los siente a metros de distancia.
Este joven tiene que vivir ausente de olores fuertes porque el agobio es tal que pude esquinarse en un ascensor por el olor del cabello de alguien.
Todos nacemos con un PH en nuestro cuerpo y en unos es más fuerte que otros, por lo que él vive en un espacio en donde la templanza supera la ansiedad que le producen los olores, aunque estos sean leves.
Su vida está regida por cánones de higiene extrema, como usar la toalla una sola vez y que además es exigido a todos los actos de su vida, aunque el resto no lo note por la rigurosidad de su padecimiento. Su entorno debe ser cuidado para que no tenga ansiedad de tener a alguien cerca que tenga fuertes olores.
Hoy día mi amigo tiene 26 años, es trombonista de profesión, un profesional de la música, nadie se da cuenta de su falencia, si él no lo cuenta, y yo tuve la dicha de enterarme de esta extraña patología.
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Me queda la lectura de que tal vez no todos somos iguales, porque no todos padecemos situaciones como esta a lo largo de nuestra vida y lo que me enseñó es a tener presente la medida del vaso medio lleno y no medio vacío, en donde un joven aprendió a sobrepasar esta situación y aprendió de ella. Bravo por ti y muchos éxitos.
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