Priscilla

Delgado

Al Natural

Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad

Y el bolero triunfó

El Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO aprobó, en diciembre pasado, la inscripción de la práctica cultural del Bolero en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la humanidad.

¿Cuántos nos hemos enamorado al compás de un bolero? La lista debe ser larga, y mucho más los recuerdos que nos invaden sin pedir permiso. La memoria a veces nos traiciona y nos llega como un pinchazo cuando escuchamos notas de una canción bien hecha, que además tiene ritmo, cadencia y una voz que nos mueve los sentidos.

La letra del bolero nos inspira, nos acogen los momentos más felices, pero también los ingratos, y nos ayuda a expresar sin la menor duda el amor y la tristeza que sentimos. Su composición llega desde la letra más sublime a la más cursi; depende de quién la mire.

Este género se inició en Cuba, alrededor del año 1840. Su origen se remonta a la fusión de dos géneros musicales españoles: el fandango y el polo. El fandango es una danza de origen andaluz que se caracteriza por su ritmo alegre y sensual. El polo es una danza de raíz gallega, que se caracteriza por su ritmo lento y melancólico.

El primer bolero que se conoce es «Tristezas», compuesto por el cubano José Pepe Sánchez en 1883. Esta pieza musical marcó el inicio del género bolero, que se caracteriza por su ritmo lento y acompasado, su letra romántica y melancólica, y su acompañamiento musical de guitarras y percusión.

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El bolero se extendió rápidamente por Cuba y el resto de América Latina. En México, el bolero alcanzó su mayor apogeo durante la primera mitad del siglo XX, con cantantes como Agustín Lara, Pedro Infante y Jorge Negrete. En otros países de América Latina, como Colombia, Venezuela y Perú, el bolero también se convirtió en un género popular.

En la actualidad, el bolero sigue siendo un género musical popular en América Latina. Es un género que ha sido interpretado por grandes artistas de todo el mundo y que sigue enamorando a las personas con su música romántica y melancólica.

Fue Agustín Lara, en la década de los años 20, el autor de más de 500 canciones: fue quien puso en la cumbre a este género de los enamorados y los despechados, inspirado en sus amores, estableciendo una norma que consiste en cuanto al ritmo, el bolero cuanta con cuatro compases.

Hoy México cuenta con pocos exponentes de ese género y habría que decir que Carlos Cuevas es el primer bolerista de México, entendiendo que quedan pocos en América Latina.

El bolero llega a Panamá y se instala por medio de la conexión cubana que había en los años 20. Mucho tuvo que ver Anoland Díaz, madre de nuestro célebre Rubén Blades, pero es José Slater Badán quien graba en el año 1924 “Morena Mía” y de allí en adelante se populariza el bolero.

“Historia de un Amor” de Carlos Eleta Almarán fue el número que le puso nombre al bolero panameño.

También nos han regalado bellas canciones Arturo “Chino” Hassan, Alcides Briceño, Tony Fergo, Silvia de Grasse y el único Ricardo Fábrega.

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Son ellos los que dictaron la pauta y fueron muchas las orquestas que acompañaron todos esos años a grandes compositores de boleros. Orquestas como la de Armando Boza, Raúl Ortiz, Clarence Martin, Bush y sus magníficos, Emilio Sempris entre otros.

Ellos les pusieron música a cantantes de la talla de Juan Coronel, Solinka, Marta Estela Paredes, Miguel Fernández, Leoni Herrera, Sócrates Lasso, Camilo Azuquita, Máximo Rodríguez, David Watt, Silvia Mendoza, Fabio Martínez, Carmen Mendoza, Benny Galán, Jaime Ellis y la inolvidable Barbará Wilson.

Todos pertenecientes a diferentes décadas, eso sí, todos destacados en la llamada época de oro de la música en Panamá y que hoy afortunadamente estamos viendo que hace poco se declara el bolero como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO.

No obstante, no hay una apuesta con fuerza por la juventud panameña que interprete estas canciones. No debemos perder de vista que el bolero es un género musical que no se ha perdido y en muchos países hay fuertes corrientes que se dedican al mismo, llamando a los jóvenes a su interpretación, como lo es Festival del Bolero que se celebra en Riohacha, Colombia en donde a partir de los 12 años podemos ver a los niños cantando las canciones más hermosas de Roberto Cantoral entre otros.

El bolero no muere, sigue vivo con nuevas voces, pero como el mismo propósito de refrescar el sentir y también la nostalgia, ahora con este reconocimiento.

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