Priscilla

Delgado

Al Natural

Y los años golpeando

Conforme han pasado el tiempo, el estereotipo de la mujer ha ido variando.

La conversación eterna entre nosotras las mujeres es recordar cómo bajábamos tallas en un solo fin de semana y sin tener que ir al gimnasio.

Estos agradables acontecimientos duran apenas unos años y posiblemente a partir de los 30 ya tengamos algunos achaques, como dificultad para bajar de peso. Si no hacemos ejercicios es imperativo bajar las cantidades de azúcares, grasas y todo aquello que un día pudimos comernos sin aumentar una sola libra y jamás nos veríamos con una línea recta en la cintura.

De jóvenes no era un tema de conversación, porque estaba implícito que podíamos comer y beber cualquier alimento porque teníamos una condición de hierro en donde los carbohidratos se ingerían sin pena ni gloria y jamás dimos importancia al peso.

Yo en particular era flaquísima, tanto que mi madre me daba medicinas para aumentar mi peso, habida cuenta que las mujeres demasiado flacas no estaban de moda y de hecho en el campo, en donde me crie, era un cumplido que deberíamos recibir con cariño si nos decían que habíamos ganado peso. Una mujer galana era una mujer bonita.

Es por eso por lo que vemos en las fotos de los 70 y 80 solo vemos jóvenes delgados, que a la luz del día de hoy no sé cómo se hacía, pero se hacía, comer sin engordar.

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A lo largo del tránsito por la vida, así mismo va surgiendo la ley de la gravedad la que se apropia suavemente de todos y sin darnos cuenta nos salen estrías y rollitos donde no había, manchas inesperadas en la piel, y de pronto las cremas que supuestamente son antienvejecimiento se ríen de nosotros.

Si alguna vez fuimos adoradoras del sol, buscando el dorado perfecto, créanme, la vida nos pasará una cuota imborrable en nuestra piel.

El cabello también nos juega una mala pasada y las canas son tan evidentes que alguien sugirió dejarlas salir sin castigarlas y es por eso que hoy día muchas mujeres lucen su melena plateada y a mi juicio se ven divinas.

La presbicia se presenta sin parpadeo a los 40 años y un día. Ya no podemos seguir extendiendo el brazo para leer, necesitamos ¡gafas!

El ejercicio se vuelve no un placer, ahora se constituye en una necesidad y muchas veces este, junto con una dieta estricta, no cambia lo que va a suceder con nuestro cuerpo a partir de cierta edad. Y si bien es cierto que hay mujeres y hombres que no han cambiado su figura se debe mucho a su genética y, por otro lado, a los grandes sacrificios a los que nos sometemos debido a que la sociedad impone que los seres humanos para ser sanos y aceptados, debemos tener unas medidas ya determinadas y un peso igualmente determinado que no pase bajo ningún concepto de nuestro peso-talla.

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Todo sufre una transformación a partir de los 35 años en adelante, que de pronto no se ven por otros ojos, pero en la propia piel es innegable.

Mientras tanto la industria de la cosmética y antienvejecimiento genera un ingreso anual de 542.2 millones de dólares, con un crecimiento del 6.5%.

  • Al día de hoy tenemos más conciencia sobre el cuidado de la piel: Las personas son cada vez más conscientes de la importancia del cuidado de la piel y están dispuestas a invertir en productos que les ayuden a mantener una piel joven y saludable.
  • Innovación en productos: Las empresas cosméticas están constantemente innovando y desarrollando nuevos productos antienvejecimiento con ingredientes y tecnologías más avanzadas.

En general, los cánones de belleza en 2024 son más diversos e inclusivos que nunca. 

Han cambiado las perspectivas de cómo debernos vernos. Todavía hay trabajo por hacer para lograr una verdadera aceptación de todas las apariencias, pero reconociendo que se ha avanzado mucho en la propuesta de la mujer de hoy y ya no es la chica flaquísima de los años 70, ahora las pasarelas permiten todo tipo de mujeres, desde rellenitas hasta mujeres mayores.

No obstante, el paso de los años es imposible detenerlo, debemos trabajar en ponderar otro tipo de mujeres, que sean atemporales, que cuidan con vigor su interioridad y sin medir competencia masculina, destacándonos en casi todos los espacios que se nos proporciona.

Ahora somos mujeres que sabemos de batallas ganadas, de heridas de guerra que son las marcas que nos deja por herencia la vida, esa que compartimos a diario.

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