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Ya tenemos suficientes amenazas

Se equivocan los voceros de Salud y del Ejecutivo con aquellos mensajes que envían, con el mismo tono para todos, pero que finalmente no son para nadie.

Tras la revelación sobre la aparición de ómicron, una nueva variante del virus SARS-CoV-2, causante de la covid-19, se han vuelto a encender las alarmas del mundo y en Panamá también.

Al talente, casi de amenaza sostenido de las autoridades de Salud, se ha sumado el presidente Laurentino Cortizo quien ha dicho en más de una ocasión, que no quisiera verse en la posición de volver a cerrar el país y trastocar más su economía.

Indiscutiblemente el virus sigue entre nosotros y la nueva variante, según los reportes científicos, es más agresiva en términos de la velocidad del contagio. Es decir, que en los lugares donde aparezca, seguramente habrá un repunte de personas enfermas.

Sin embargo, los mensajes oficiales sobre el tema de la pandemia no están siendo los mejores. Erróneamente, insisten en la estrategia de vencer y no de convencer. La gente no está para amenazas y mucho menos aguantará que se les enclaustre otra vez.

Se equivocan los voceros de Salud y del Ejecutivo con aquellos mensajes que envían, con el mismo tono para todos, pero que finalmente no son para nadie.

Sin dinero y sin seguridad

No todo el mundo se está comportando igual ante esta crisis sanitaria y todos no asimilan los mensajes de la misma manera, por razones culturales, educativas, socioeconómicas y hasta psíquicas.

A la gente no se le puede seguir hablando como si todos fueran niños y que deben actuar de una u otra manera, porque si no papá Estado los va castigar. El respeto se gana, no se impone.

Muchos ciudadanos le temen más al morir de hambre que a la agresividad del virus. Parece una exageración, pero no lo es y si el Gobierno no es capaz de entender eso, le será difícil calar en la conciencia ciudadana

Ciertamente, no debemos relajarnos en cuanto a los patronos de bioseguridad, pero no se puede obviar que todo parte de una responsabilidad individual que debe ir multiplicándose hasta alcanzar dimensiones colectivas, nacionales.

Hablarle a población en el mismo lenguaje de hace 20 meses, cuando comenzó este suplicio, es un error. Ya la gente retomó su rutina productiva y, por mera subsistencia, no está dispuesta a retroceder.

Preludio del caos

Tampoco se vale usar la política del miedo como mecanismo de control social. La población tiene derecho a ganarse la vida, a salir a buscar el sustento de sus familias y sus empresas día a día, por lo que las amenazas no son el camino adecuado, como tampoco el cierre debe ser el destino final. El país necesita un liderazgo eficiente, comprometido e inteligente, no represivo.

Dejemos las amenazas de un lado, hagamos propuestas reales y orientemos a la población para que puede seguir hacia adelante por sí misma, sin la dependencia de bonos, vales y de un Gobierno que, por ratos, parece no entender su rol.

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